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SÁB, 05 SEPT 2026
Entretenimiento

Sangre, cerveza y dinero: Netflix se mete en la cocina de la familia Guinness y muestra las heridas que dejó el imperio

Steven Knight, el creador de Peaky Blinders, vuelve a las andadas con un drama de época que arranca en el Dublín de 1868, en el momento exacto en que muere el patriarca de la dinastía cervecera más famosa de Irlanda y empieza a crujir la herencia.

LP
Lucía PereyraCultura y espectáculos · 5 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Hay algo que a mí siempre me atrapa de las series británicas y británicas-adjuntas, y es esa manera que tienen de mostrarte una sala enorme, con vajilla de plata, chandeliers que parecen a punto de caerse y, sin embargo, contarte una historia donde lo único que se rompe es la familia. Bueno, preparensé, porque Netflix acaba de estrenar La casa Guinness —House of Guinness en su título original— y la cosa viene con todo: ocho episodios, ropa de época para aburrir y esa tensión de apellidos pesados que termina explotando en la mesa del comedor. La historia empieza en Dublín, en 1868, y arranca con un golpe que todavía resuena: la muerte de Benjamín Lee Guinness, el hombre que dejó a sus cuatro hijos al frente de uno de los imperios cerveceros más grandes del mundo y, de paso, con una fortuna que ni la monarquía británica le envidiaría en vano. A partir de ahí, lo que podría haber sido un simple traspaso empresarial se transforma, capítulo a capítulo, en una pulseada entre los hermanos Arthur y Edward, que son quienes toman las riendas de la cervecería, y el resto de los herederos, que tienen sus propios planes, sus propias cuentas pendientes y, claro, sus propios secretos.

Una Irlanda que también es personaje

Lo que a mí me gusta —y acá me permito la opinión que la nota se gana— es que la serie no se queda en la pelea de sillones. La producción se toma el trabajo de pintar la Irlanda del siglo XIX tal cual era: una sociedad con desigualdades profundas, tensiones políticas que iban a terminar explotando un par de décadas después y un poder económico como el de los Guinness que contrastaba, y mucho, con la gente de a pie. Steven Knight, el mismo que puso a los Shelby en la cima del mundo con Peaky Blinders, vuelve a meter la lupa en un imperio familiar y, como le pasó con los gánsteres de Birmingham, le interesa más lo que pasa adentro de la mansión que afuera. Las luchas de clase, los vínculos sangrientos —nunca mejor dicho— y la violencia del poder son la marca registrada, y acá la aplica sobre una dinastía que, en vez de amasar gánsteres con gomina, amasó stout en barriles.

  • Anthony Boyle (Masterpiece: The Secret Garden) como Arthur Guinness.
  • Luis Partridge, a quien muchos recordarán por Enola Holmes, como Edward Guinness.
  • Emily Fairn, Jack Gleeson (el Joffrey Baratheon de Game of Thrones, sí, el chico malo de la boda púrpura) y Fionn O'Shea completan el núcleo familiar.
  • Niamh McCormack, Danielle Galligan y Ann Skelly se suman al elenco en los roles secundarios.

Yo la voy a ver, les aviso. No porque me corra especial fascinación por la cerveza negra —aunque un vaso bien tirado en un bar de esos de Buenos Aires nunca viene mal—, sino porque cuando un autor como Knight se obsesiona con una familia, algo está buscando decir sobre las familias de todos. Y a ustedes, los que ya pasaron la barrera de los cuarenta y saben lo que es una herencia que complica más de lo que arregla, les prometo que van a sentirse identificados con más de un heredero Guinness.

LP
Lucía PereyraCultura y espectáculos

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