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DOM, 11 OCT 2026
Entretenimiento

El susurro de Wes Craven que quebró a Drew Barrymore antes de la primera muerte de Scream

El director apeló a un recuerdo perturbador para conseguir lágrimas genuinas en la apertura del clásico de 1996, en una de las escenas más comentadas de la historia del terror.

LP
Lucía PereyraCultura y espectáculos · · lectura 3 min
El susurro de Wes Craven que quebró a Drew Barrymore antes de la primera muerte de Scream

Lo que se ve en aquella sala prefabricada, con paredes que parecen de madera y una línea telefónica que tiembla colgada del cable, es a una Drew Barrymore que llora de verdad. Pocas veces una escena de terror arranca con un silencio tan incómodo, y pocas veces ese silencio esconde algo tan concreto: las lágrimas que la actriz derrama en los primeros minutos de Scream (1996) no fueron actuadas, sino arrancadas por un truco que el propio Wes Craven puso en práctica desde la silla de director.

La historia la reconstruyó Julie Plec, asistente de Craven en aquel rodaje. La noche anterior al filming de la secuencia de apertura, Barrymore había leído una nota sobre un dueño que quemó vivo a su perro, un hecho que la había dejado muy mal. Al día siguiente, cuando se lo contó a Craven, el director vio ahí una herramienta. Tal como recordó Plec, durante la filmación Wes se acercaba a Drew y le susurraba "I'm lighting the lighter" —"estoy encendiendo el mechero"— para devolverle a la memoria esa imagen y provocarle una emoción real.

Una reacción que se oía desde afuera del set

Plec describió lo que se escuchaba desde el otro lado de la puerta del set: "Se oía a Drew gritar y aullar, y yo pensaba: '¿Pero qué coño está pasando ahí dentro?'. Y era Wes, que la estaba animando". El llanto, según su testimonio, era genuino: Craven había convertido una noticia perturbadora en combustible emocional, y Barrymore respondía con una intensidad que no se logra con ningún ejercicio de acting.

Marketing, Hitchcock y la muerte que cambió al slasher

Pero la escena no terminó ahí. Aquella apertura fue el resultado de una decisión doble. Por un lado estaba el acting, crudo y real, de Barrymore. Por el otro, una jugada de marketing sin precedentes: la actriz apareció como figura central en todos los afiches, tráileres y avisos de la película, lo que llevó al público a asumir que era la protagonista. Richard Potter, director de desarrollo de Dimension Films, lo resumió así: "Vas a ver el tráiler y los anuncios, y vas a estar seguro de que ella es la protagonista. Es imposible que muera. Cuando muera al final de esa secuencia, pensarás: 'Cualquiera podría morir'". La estrategia dialogaba además con un antecedente ineludible del género: la decisión de Alfred Hitchcock de matar a Janet Leigh apenas arrancaba Psicosis (1960).

Treinta años después del estreno, la secuencia sigue estudiada en escuelas de cine y facultades de comunicación como un caso de manual: cómo se construye tensión, sorpresa y deconstrucción del género en menos de quince minutos, combinando tres capas —actuación genuina, dirección de actores y campaña de prensa— en una sola apuesta.

Lo confieso: cada vez que alguien me pregunta por qué Scream sigue vigente, me cuesta explicarlo sin remitirme a esa escena. Pero ahora que sé lo del mechero y el perro, ya no la veo igual. Entiendo que detrás de ese aullido hubo un director que entendió algo que muchos olvidan: para que un espectador crea una muerte, el actor tiene que sentirla primero.

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Lucía PereyraCultura y espectáculos

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