El parador neuquino que pasó del invierno al calendario completo: 400 historias y un dispositivo que se reinventa para no dejar a nadie en la calle
Con la llegada de la primavera, el refugio nocturno de Neuquén deja de ser solo un techo para el frío: se reconvierte en un dispositivo por etapas que trabaja sobre la reinserción laboral y familiar, inspirado en la experiencia de Ciudad Oculta. En dos meses, pasó por sus colchones un promedio de cien personas cada noche.
Son las ocho de la noche y frente a la Catedral María Auxiliadora, en pleno centro de Neuquén, ya se ve la fila que se arma todas las jornadas desde hace algo más de dos meses. Hay hombres con bolsos, otros con frazadas atadas con cordón, alguno que llega con el termo bajo el brazo y la mirada esquiva. Los voluntarios los cuentan, los nombran si pueden, y los suben a los vehículos que los llevan hasta el parador. La escena, que en pleno julio y agosto era la postal de un refugio pensado solo para sobrevivir el invierno, se repite ahora con las primeras brisas de la primavera, porque ese dispositivo municipal decidió no volver a guardar las colchonetas cuando suban las temperaturas. Lo que arrancó como un operativo de emergencia para las noches más crudas se transformó, en apenas sesenta días, en una política pública que se piensa en serio y que apunta a algo más ambicioso: que las personas en situación de calle puedan reconstruir un proyecto de vida, no solo pasar el frío.
Dos meses, cuatrocientas personas y un promedio que se sostiene
Las cifras que dejó el primer tramo del dispositivo son las que terminaron de convencer al equipo de gobierno de que había que darle continuidad. En dos meses, el parador nocturno atendió a 400 personas y registró un promedio de 100 asistentes por noche, con picos que llegaron a 120 en las jornadas más duras del invierno. El 92 por ciento de quienes pasaron por el refugio son varones y, según datos cruzados con el Registro Nacional de las Personas, el 81 por ciento tiene domicilio registrado en la provincia de Neuquén, lo que habla de un fenómeno que no se explica solo por las migraciones de otras regiones sino por una vulnerabilidad que se produce puertas adentro.
“Recibimos a cualquier persona que esté en situación de vulnerabilidad, independientemente de si tiene consumos problemáticos. Esa fue la regla desde el primer día.”Fuente del operativo municipal
De bajo umbral a un camino por etapas
Lo que cambia con la llegada de la primavera no es solo el calendario, sino la arquitectura misma del dispositivo. Hasta ahora funcionó con un criterio de bajo umbral, es decir, abrió sus puertas sin exigir requisitos previos ni pedir que nadie estuviera limpio o sobrio para pasar la noche. A partir de ahora, ese primer nivel se mantiene como puerta de entrada, pero se le suman etapas de mediano y alto umbral a las que cada usuario puede ir accediendo en la medida en que avanza en un proceso personal que, según los responsables del programa, tiene dos metas concretas: conseguir un empleo y retomar el vínculo con la familia. La idea, explican, es que la salida no sea siempre la calle ni tampoco la dependencia eterna del Estado, sino que cada persona pueda llegar a acceder a un alquiler o reinsertarse en un entorno familiar cuando sea posible.
- Atención podológica todos los miércoles, a cargo de profesionales que detectan desde hongos hasta lesiones que muchas veces son la puerta de entrada a problemas de salud mayores.
- Residentes de medicina general y de odontología que recorren el dispositivo y que se convierten, en muchos casos, en el primer contacto formal con el sistema de salud que esas personas tienen en años.
- Equipos de psicólogos con abordajes individuales, a los que se sumarán grupos terapéuticos con mayor frecuencia a partir del nuevo formato.
- Coordinación con el Ministerio de Salud provincial y con otros refugios de mediano umbral que ya funcionan en la ciudad, para armar una red que no deje baches entre un dispositivo y otro.
El tráiler junto al hospital y la visita que cambió el enfoque
Hay un detalle físico, casi doméstico, que simboliza el cambio de etapa. El punto de partida del traslado nocturno pasará a ser un tráiler instalado junto al Hospital Bouquet Roldán, donde quienes se acerquen podrán dejar sus pertenencias de forma segura antes de subir al vehículo que los lleva al parador. Quienes estén en condiciones de movilizarse por sus propios medios podrán hacerlo sin pasar por el tráiler, pero la idea de contar con un locker ambulante pegado al hospital responde a una queja recurrente: muchos usuarios dormían en la calle con todas sus cosas porque no tenían dónde guardarlas. El rediseño completo del dispositivo, justamente, no salió de un escritorio: fue el resultado de una visita de trabajo de dos días que el equipo neuquino hizo a Ciudad Oculta, en el área metropolitana de Buenos Aires, para conocer de primera mano cómo funcionan organizaciones con mayor trayectoria en la atención de personas en situación de calle. Esa experiencia, según cuentan los organizadores, fue la que ordenó las ideas y permitió armar un esquema por niveles que hasta entonces solo se manejaba como idea.
Vuelvo a la puerta de la Catedral María Auxiliadora, donde la fila ya se está estirando otra vez. Me quedo mirando a Javier, un voluntario que conoce a casi todos los que pasan por acá, y me cuenta que hay personas que siguen durmiendo en la calle y no se acercan al parador, a pesar de que el acceso es voluntario y gratuito. Es, dice, la cuenta pendiente más honesta que tiene este dispositivo: no alcanza con abrir la puerta, también hay que ir a buscar a quienes todavía no se animan a cruzarla. Con el nuevo formato por etapas, con el tráiler, con los grupos terapéuticos y con la red de refugios de mediano umbral, esa búsqueda empieza a tener más herramientas. La primavera, en Neuquén, no va a cerrar este refugio: lo que va a cerrar es la idea de que la calle es el único destino posible para quienes perdieron, aunque sea por un tiempo, un lugar donde dormir.
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