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VIE, 11 SEPT 2026
Vida

Varias pastillas, un solo corazón: por qué el cardiólogo no se queda con un solo fármaco

Tras un diagnóstico cardiovascular es habitual volver del consultorio con varias cajas en la mano. La clave está en que cada medicamento ataca un problema distinto: presión, colesterol, coágulos, ritmo o retención de líquidos.

MF
Micaela FerreyraSociedad · 11 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Son las seis de la tarde y en la mesa del living, al lado del té todavía humeante, hay cuatro cajas de medicamentos esperando su turno. María, que el mes pasado tuvo que ir a controlarse la presión después de un cuadro que la asustó, las mira una por una como quien intenta descifrar un mapa. "Yo pensé que con una pastilla alcanzaba", me dice mientras apoya la taza sobre un repasero floreado, y la frase resume lo que le pasa a buena parte de los pacientes que salen de un consultorio cardiológico: la sorpresa de no volver a casa con un solo blíster, sino con varios. La escena se repite en miles de hogares argentinos cada semana, y la pregunta también.

Cuando el corazón empieza a fallar, lo hace por razones distintas y, muchas veces, simultáneas. La presión se puede mantener alta durante años, el colesterol se puede acumular en las arterias, el ritmo se puede desordenar y la sangre, en algún tramo, puede tender a coagularse de más. Un solo fármaco no llega a cubrir todo eso a la vez, y por eso el profesional arma una combinación a medida, según el cuadro clínico, los antecedentes y los factores de riesgo de cada persona.

Presión alta: cuatro caminos distintos para un mismo objetivo

La hipertensión es uno de los motivos más frecuentes de consulta. Cuando la presión se sostiene en valores elevados, el músculo cardíaco trabaja con más esfuerzo del que debería y, con el tiempo, se va dañando junto con los vasos sanguíneos. Para bajarla existen varios grupos de fármacos que actúan por vías diferentes: los inhibidores de la ECA bloquean la producción de una hormona que estrecha los vasos; los ARA-II impiden que esa misma hormona haga efecto; los betabloqueantes reducen la frecuencia cardíaca amortiguando la acción de la adrenalina; y los bloqueadores de los canales de calcio relajan los vasos o desaceleran el pulso según el caso.

Colesterol, coágulos y ritmo: cada pastilla con su propia tarea

El colesterol LDL, el conocido como "malo", se trata de manera independiente. Las estatinas son las drogas más usadas para reducirlo y, además, pueden ayudar a bajar la inflamación; se indican después de un infarto, un accidente cerebrovascular o la colocación de un stent, pero también en personas con factores de riesgo que todavía no tuvieron un evento. Cuando las estatinas no alcanzan o no se pueden usar, el médico puede sumar ezetimiba o inhibidores de PCSK9.

Para evitar coágulos hay dos familias que conviene no mezclar. Los antiagregantes plaquetarios, como la aspirina o el clopidogrel, dificultan que las plaquetas se peguen entre sí; la guía de la Cleveland Clinic aclara que la aspirina se indica a quienes ya tienen enfermedad cardiovascular diagnosticada y no se recomienda de forma general para prevenir un primer evento sin una evaluación que pese beneficios y riesgo de sangrado. Los anticoagulantes, como apixabán y rivaroxabán, actúan en otra etapa del proceso y se usan mucho para tratar coágulos en piernas o pulmones. Ambos tipos pueden aumentar el riesgo de hemorragias, así que nunca se empiezan ni se dejan solos, sin avisar al médico.

  • Hipertensión: inhibidores de la ECA, ARA-II, betabloqueantes y bloqueadores de los canales de calcio, que actúan por mecanismos distintos sobre vasos y pulso.
  • Colesterol elevado: estatinas como primera línea, con ezetimiba o inhibidores de PCSK9 como refuerzos cuando hace falta.
  • Prevención de coágulos: antiagregantes plaquetarios (aspirina, clopidogrel) y anticoagulantes (apixabán, rivaroxabán), según el cuadro.
  • Arritmias: existe una familia específica de fármacos antiarrítmicos que el cardiólogo indica cuando el ritmo se desordena.
  • Exceso de líquido: diuréticos para aliviar la retención y ayudar al corazón a trabajar con menos carga.

Antes de irse del consultorio, María se anima a preguntar todo lo que no había preguntado en la primera visita. Repite los nombres de las pastillas, anota los horarios en una libretita que guarda al lado del teléfono y se queda más tranquila cuando entiende que cada caja tiene un porqué, y que ninguna está de más. Cuando me abre la puerta para despedirme, la mesa del living sigue ahí, con las cuatro cajas y la taza a medio tomar, pero ahora el mapa, me dice, tiene otra pinta.

MF

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