Chaco teje una red de salud mental que promete no soltar a nadie en el camino
Un proyecto que ya se discute en la Legislatura chaqueña busca ordenar lo que existe y llevarlo a cada rincón del territorio: equipos interdisciplinarios, guardias permanentes y un plan obligatorio de cuidados para después de cada crisis. Hay 180 días para que el Ministerio de Salud presente cómo se hace.
La propuesta entró a la Legislatura del Chaco con una idea que, a esta altura, suena casi como una necesidad elemental: que la salud mental deje de ser un rompecabezas de programas aislados y pase a funcionar como una red, con nombre y apellido provinciales, que llegue a cada pueblo, a cada barrio, a cada casa donde alguien está atravesando un momento límite. No se trata de inventar nada desde cero, aclaran los autores: se trata de articular lo que ya funciona —los dispositivos, los profesionales, los recursos dispersos— y darle una estructura que hoy, en buena parte del territorio, simplemente no tiene.
La escena que se imagina el proyecto es bastante concreta: una persona sale de una internación psiquiátrica en Resistencia, en Presidencia Roque Sáenz Peña, en Villa Ángela o en cualquier localidad del interior profundo, y en lugar de volver a su casa con una indicación en un papel y un turno que tarda meses, tiene un equipo que la espera, un plan de cuidados firmado y un teléfono al que puede llamar a las tres de la mañana. Esa es, en pocas palabras, la promesa central de la iniciativa.
Nodos regionales y equipos que se conocen
El corazón del proyecto es la creación de nodos regionales de salud mental, que se van a montar sobre las regiones sanitarias que ya existen en la provincia. Cada uno de esos nodos va a tener que hacer, como primer paso, un mapa fino de su población: dónde están los profesionales, qué servicios se ofrecen hoy, qué barreras de acceso tienen las familias —sea la distancia, sea la falta de plata para el colectivo, sea simplemente el miedo a cruzar la puerta de un consultorio— y, a partir de ese diagnóstico, armar progresivamente equipos interdisciplinarios con psicólogos, psiquiatras, enfermeros, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales y acompañantes terapéuticos.
- Consultas ambulatorias en centros de salud y hospitales.
- Visitas domiciliarias para quienes no pueden trasladarse.
- Intervención directa en momentos de crisis.
- Seguimiento obligatorio después de cada internación.
- Centros comunitarios, hospitales de día y espacios de rehabilitación psicosocial.
- Dispositivos de acompañamiento a las familias, con foco en la integración educativa, laboral y social.
Después de la crisis: el plan que no puede faltar
Hay un punto del proyecto que quienes lo vienen trabajando subrayan cada vez que pueden, y tiene que ver con lo que pasa después. Porque, según cuentan en los pasillos de los efectores públicos, la internación suele ser apenas la punta de un proceso mucho más largo: si una persona vuelve a su casa sin acompañamiento, el riesgo de una nueva crisis se multiplica. Por eso, la iniciativa plantea que en todos los casos que lo requieran se elabore un Plan Individual de Cuidados, con un equipo responsable asignado y un abordaje que mire también a la familia y al barrio, no solo al paciente.
Guardias todo el año y prevención del suicidio como política de Estado
El otro pilar es la atención de las urgencias. La propuesta crea una estrategia provincial para que haya respuesta las 24 horas, los 365 días del año, con protocolos definidos por cada región: cómo se recibe la consulta, cómo se evalúa al paciente, cómo se actúa cuando hay riesgo cierto y, sobre todo, cómo se garantiza que el seguimiento no se corte. En paralelo, la prevención del suicidio aparece como una línea de trabajo específica, que toma los programas provinciales que ya están en marcha y los integra a la red, con prioridad para el seguimiento de personas en situación de riesgo y con acciones de posvención —es decir, de acompañamiento al duelo— para los familiares y allegados que quedan después de una pérdida de este tipo.
Si la Legislatura le da luz verde, el Ministerio de Salud chaqueño va a tener 180 días para presentar un plan de implementación con metas concretas a cinco años. Es, en definitiva, una apuesta a que la salud mental deje de ser una materia pendiente y empiece a tener la misma lógica de red, de cercanía y de continuidad que, al menos en los papeles, ya tiene cualquier otra especialidad del sistema público.
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