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LUN, 14 SEPT 2026
Vida

Una estrella amarilla en la vereda y la pregunta que nadie quiere hacerse antes de acelerar

Una campaña presentada en la Legislatura porteña volvió a poner a la persona que camina en el centro de la escena vial. Hablan Madres del Dolor y la Asociación Internacional de Víctimas de Tránsito, y el reclamo llega al Congreso.

MF
Micaela FerreyraSociedad · 14 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

La puerta de la Legislatura porteña se abre sobre la calle Perú, a media cuadra de la plaza Roma. Esta mañana, mientras los legisladores entraban y salían con el café en la mano, una mujer de pelo canoso y voz firme se paró en la entrada con un cartel que mostraba una estrella amarilla dibujada a mano. Yo la vi de espaldas, hablando con un grupo de jóvenes que se acercaron a preguntar qué pasaba, y me quedé observando esa imagen que se repite en tantas veredas del conurbano y de la ciudad: una estrella de plástico o de pintura que marca el lugar exacto donde alguien dejó de caminar para siempre.

Esa mujer es Viviam, referente de Madres del Dolor y de la Asociación Internacional de Víctimas de Tránsito, que ayer presentó en ese mismo edificio una campaña que insiste con una frase que parece obvia y, sin embargo, casi nunca se dice en voz alta antes de poner primera: antes de sentarse al volante, todos somos peatones. La lógica es simple y demoledora a la vez: si uno se imagina caminando por la vereda, cruzando una esquina o esperando el colectivo, entonces entiende por qué el otro, el que está dentro de un auto de más de mil kilos, tiene una responsabilidad que no se diluye cuando enciende el motor.

La cuenta que nadie quiere hacer

La diferencia es tan brutal que cuesta ponerla en palabras: un vehículo pesa más de una tonelada, y un cuerpo humano oscila entre los sesenta y los noventa kilos. Cualquier manual de física elemental explica qué pasa en ese choque, pero el dato aislado no mueve la aguja de la conducta. Lo que mueve la aguja, dice la campaña, es mirar la calle desde abajo, desde la altura de los ojos de un peatón, y entender que la vulnerabilidad no es una abstracción: es el nene que sale del colegio, la señora que cruza con el bastón, el corredor de las seis de la tarde, la madre que lleva a su hijo de la mano.

“Antes de subir al auto, todos somos peatones. Esa es la única verdad que sirve para cambiar la manera en que manejamos.”Viviam Perrone, referente de Madres del Dolor

Kevin, la estrella que no se borra

Cuando Viviam habla, habla desde el 1° de mayo de 2002. Ese día, en Vicente López, su hijo Kevin Sedano, de 14 años, fue atropellado por un conductor que se dio a la fuga. El chico murió una semana después, y desde entonces ella convirtió el dolor en un trabajo paciente de años: reformas legales, campañas de prevención, acompañamiento a otras familias que reciben el mismo golpe. Kevin es, literalmente, una de esas estrellas amarillas que pintan las familias en las esquinas: funciona como memorial, como advertencia y como recordatorio de que detrás de cada chapa hay una historia.

La estrella en la vereda de casa

Salí de la Legislatura y caminé hasta la avenida de Mayo. En la esquina de Perú, pintada con aerosol sobre el asfalto todavía fresco, alguien había trazado una estrella amarilla de unos treinta centímetros, con un nombre y una fecha que no voy a repetir acá porque no me corresponde. Me quedé mirándola un rato largo, parado en la vereda de enfrente, y pensé en cuántas veces habré cruzado esa esquina acelerando el paso, mirando el semáforo, pensando en el colectivo que se iba, sin reparar en esa marca chica que el tiempo va borrando. La campaña que presentó Viviam esta mañana pide, en el fondo, algo tan chico como eso: que miremos la estrella, que pensemos en el nombre, que recordemos que la próxima vez que pongamos primera hay una persona del otro lado del vidrio. Y que eso, y solo eso, cambie la manera en que pisamos el acelerador.

MF

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