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JUE, 03 SEPT 2026
Vida

Manzana o pera: la pulseada por el azúcar en sangre se define en la cocina, no en la góndola

Ambas frutas comparten índice glucémico bajo, fibra soluble y micronutrientes. Especialistas y organismos internacionales coinciden: la variedad, la piel y el acompañamiento en el plato pesan más que elegir una ganadora.

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Micaela FerreyraSociedad · 3 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Son las seis de la tarde y en la cocina de casa todavía queda la frute esa de madera donde ayer amontoné las peras Williams que trajo Laura del verdulín de la esquina. Las miro un rato largo, las paso de una mano a la otra, y me acuerdo de la nota que tengo que escribir. Porque cada vez que alguien me pregunta si conviene más la manzana o la pera para controlar el azúcar en sangre, la respuesta honesta empieza en un lugar incómodo: en entender qué le pedimos realmente a una fruta.

La comparación entre manzanas y peras suele arrancar de una premisa incompleta, y vale la pena desarmarla de entrada: la idea de que toda fruta eleva la glucosa de la misma manera y a la misma velocidad. La Organización Mundial de la Salud distingue con cuidado entre los azúcares que se agregan a los alimentos durante la elaboración y los que están presentes de forma natural en frutas enteras, porque la estructura del alimento modifica la digestión y, con ella, la respuesta del organismo.

Un empate técnico con una diferencia chica

Las dos frutas comparten un perfil favorable. Tienen índice glucémico bajo, aportan fibra soluble, agua y una buena cantidad de micronutrientes. En las manzanas, el componente más estudiado es la pectina, una fibra que enlentece la absorción de glucosa; también contienen polifenoles, compuestos sobre los que la ciencia viene trabajando para entender mejor su papel en el metabolismo de los hidratos de carbono. La Asociación Americana de la Diabetes coincide en que los alimentos ricos en fibra pueden favorecer un manejo más estable de la glucemia cuando se enmarcan en un plan de alimentación equilibrado.

La pera presenta un cuadro muy parecido, con un detalle puntual: una unidad mediana aporta alrededor de seis gramos de fibra, una cifra levemente superior a la de una manzana de tamaño equivalente, y parte de esa fibra se concentra en la piel y en la zona inmediata que está debajo. La dietista Whitney Stuart, consultada sobre el tema, sostuvo que las peras se encuentran entre las frutas con mayor densidad de fibra que pueden incorporarse con facilidad a la alimentación diaria, sobre todo porque se toleran bien y se consiguen todo el año.

“Dedicamos demasiada energía a jerarquizar frutas individuales cuando lo que realmente pesa en el manejo del azúcar en sangre es la variedad y el patrón de alimentación en su conjunto.”Toby Amidor, nutricionista

Tres decisiones que se toman en el plato

  • Comer la fruta entera y con piel, lavándola bien antes, porque ahí se concentra buena parte de la fibra soluble y de los compuestos vegetales.
  • Acompañarla con una fuente de proteína o grasa, como yogur natural, queso fresco o un puñado de frutos secos, para enlentecer la digestión de los carbohidratos.
  • Incluirla dentro de un patrón alimentario regular, sin reemplazar otros alimentos ricos en fibra, y aceptar que el orden del menú y los horarios también influyen.

Organismos como la FAO y la OMS promueven dietas diversas con presencia regular de frutas y verduras, sin señalar a una como superior a las demás, y la lectura fina de las guías termina diciendo lo mismo que la frute de la cocina: no hay una pieza dorada, hay un conjunto. Cuando vuelvo a mirar las peras Williams ya pasadas las seis y media, con la luz de la tarde entrando por la ventana, lo que me queda es una idea simple: la pulseada entre la manzana y la pera se define en cómo las comemos, no en cuál elegimos.

MF

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