La dermatitis atópica no descansa: cuando la picazón se vuelve un problema de plata
Un relevamiento de AEPSO muestra que casi la mitad de los pacientes con dermatitis atópica tuvo que postergar consultas o directamente abandonar tratamientos por no poder pagarlos; especialistas insisten en que el diagnóstico temprano y el acompañamiento sostenido marcan la diferencia entre sobrellevar la enfermedad y quedar a merced de los brotes.
Son las tres de la mañana y María se levanta por tercera vez en la noche: su hijo de siete años ya no aguanta más, se rasca con una desesperación que a ella le parte el alma cada vez que lo escucha, y ella termina pasándole una crema sobre los pliegues rojos del cuello mientras le tararea despacio cualquier cosa para que cierre los ojos aunque sea un rato. Esa escena, que parece un detalle doméstico menor, se repite en miles de hogares argentinos donde la dermatitis atópica no es una molestia pasajera sino una compañía diaria que pica, duele, incomoda y, sobre todo, carcome el sueño y la paciencia de toda la familia.
Cifras que duelen: el peso del bolsillo
Un relevamiento reciente de la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis (AEPSO), difundido en el último tiempo, retrata un panorama que a esta altura ya no sorprende a nadie pero que igual golpea: el 48,5 por ciento de los pacientes con dermatitis atópica postergó o directamente suspendió consultas médicas en los últimos seis meses por motivos económicos, mientras que el 44,8 por ciento tuvo dificultades para acceder a los medicamentos indicados y el 37,3 por ciento redujo o dejó de comprarlos por falta de recursos, en un cuadro donde casi dos de cada diez personas reconoce que no estaba siguiendo el tratamiento tal como se lo habían prescripto, principalmente por las mismas razones de siempre, las que tienen que ver con la plata y no con la voluntad.
“El picor no deja dormir, ni permite la vida social, el trabajo, la escuela, baja la autoestima y complica tremendamente la dinámica familiar. Afecta la vida las 24 horas.”Silvia Fernández Barrio, presidenta de AEPSO
El dato no es menor porque la dermatitis atópica no es un sarpullido de temporada: es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel cuyo síntoma más incapacitante es la picazón persistente, no tiene cura pero sí se puede controlar, y aunque suele asociarse con los chicos porque afecta al menos al 10 por ciento de los niños y adolescentes en Argentina, puede aparecer a cualquier edad y en aproximadamente tres de cada diez casos persiste durante la adultez, con lesiones que se instalan en la cara, el cuero cabelludo, las orejas, el dorso de las manos y distintas zonas de los brazos y las piernas, alternando brotes con períodos de remisión que exigen controles y cuidados sostenidos en el tiempo.
- El 63,4 por ciento de los pacientes reportó alteraciones en la calidad del sueño.
- El 61,9 por ciento debió modificar su rutina diaria a causa de la enfermedad.
- El 56,7 por ciento consideró que la dermatitis atópica afectó su calidad de vida en términos generales.
- Quienes sufren picazón crónica e intensa tienen tres veces más probabilidades de desarrollar depresión y el doble de sufrir ansiedad.
Diagnosticar a tiempo, sostener el tratamiento
La buena noticia, si es que algo así puede llamarse buena noticia cuando estamos hablando de una enfermedad crónica, es que el diagnóstico temprano permite ajustar el tratamiento a las características de cada paciente, lo que según Paula Luna, especialista en Dermatología Pediátrica y presidenta de la Sociedad Argentina de Dermatología, posibilita la implementación de un tratamiento personalizado que marque una diferencia concreta en la vida cotidiana de quien la padece; sin embargo, la trampa en la que caen muchas familias es que aun cuando ese tratamiento existe y está al alcance de la mano en el consultorio, sostenerlo en el tiempo se vuelve una carrera de obstáculos cuando la economía aprieta, y es justamente ahí donde el Estado, las obras sociales y los laboratorios deberían estar mirando con lupa para que ningún chico ni ninguna persona grande tenga que elegir entre comprar una crema y pagar el alquiler.
María, mientras tanto, vuelve a la pieza de su hijo y se sienta en el borde de la cama con la pomada en la mano, pensando en la próxima consulta que tendrá que reprogramar porque esta vez no le alcanzó para el traslado, y se repite lo que tantas madres y padres se repiten en silencio: que la dermatitis atópica no da tregua, sí, pero que lo que realmente no da tregua en este país es la cuenta del almacenero a fin de mes.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
La Estrella Noticias