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MAR, 08 SEPT 2026
Turismo

Decodificar la etiqueta: qué te dicen (y qué no) esas palabras que ves en una botella de vino

Añada, blend, estate, tardío, orgánico: guía para entender la jerga del vino argentino sin pagar de más por una palabra que suena bien pero no garantiza nada.

JM
Julieta MoralesTurismo · 8 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Te puede pasar: estás frente a la góndola, mirando una botella, y el vino te dice cosas que no terminas de entender. Añada 2022, blend, estate, tardío, orgánico, un sello dorado con 95 puntos. Cada uno de esos términos apunta a algo distinto, aunque a simple vista parezcan parecidos. Te lo desgloso como si estuviéramos charlando en la vinoteca, con lo que sí dice la etiqueta, lo que a veces esconde y un par de pistas para que no te la lleven de arriba.

Añada: el año de la uva, no de la góndola

Cuando ves una añada, lo que estás leyendo es el año en que se cosecharon las uvas, no cuándo salió el vino a la venta. Una botella que comprás hoy en 2026 puede llevar cosecha 2023, 2024 o 2025, dependiendo del tiempo que pasó criando en barricas de roble, tanques de acero, huevos de concreto o simplemente en botella. Cada decisión le va moldeando el carácter. Y el clima pesa: una añada con granizo, heladas tardías o calor extremo produce menos uva y suele terminar en vinos más buscados, con precios más altos en la gama alta. Por eso la añada es un dato real y un argumento de venta legítimo, no un adorno.

Blend, estate, single vineyard: la trazabilidad de la uva

Si la etiqueta dice blend o corte, ya te está diciendo que adentro hay más de una cepa, o uvas de viñedos distintos, o incluso de cosechas distintas. Los porcentajes casi nunca figuran en la botella. En cambio, si es varietal (Malbec, Cabernet Sauvignon, Torrontés), tené una herramienta concreta: el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) exige que al menos el 85% de la composición corresponda a la variedad declarada. El 15% restante puede ser de otras cepas sin que el productor esté obligado a aclararlo, algo clave para entender por qué dos Malbec del mismo precio pueden probar tan diferente.

Estate es un sello interesante: significa que la bodega trabaja con uvas de viñedos propios. En Argentina, una porción significativa de la producción se elabora con uva comprada a terceros, así que cuando la bodega lo destaca como valor agregado vale leerlo. Y si ves Single Vineyard, sabés que todas las uvas vienen de un único viñedo, lo que le da trazabilidad y un carácter singular que los enólogos suelen defender.

Tardíos y orgánicos: procesos concretos, certificaciones reales

Los tardíos se elaboran con uvas cosechadas fuera del calendario habitual, pasadas de madurez y parcialmente deshidratadas. Esa deshidratación concentra el azúcar; parte se transforma en alcohol durante la fermentación y el resto queda como azúcar residual, que es lo que les da la dulzura. En Argentina los blancos tardíos son los más fáciles de encontrar en supermercados y maridan bien con quesos y postres, aunque cada vez se los ve en otros momentos.

El rótulo orgánico, en cambio, no es una decisión de marketing: para que un vino pueda llevarlo tiene que haber sido elaborado sin agroquímicos, pesticidas ni fertilizantes sintéticos y contar con una certificación de una empresa habilitada por el SENASA. Es uno de los pocos términos de la etiqueta que está atado a un proceso regulado y verificable. Como referencia, en vinotecas especializadas porteñas un Malbec orgánico de gama media se mueve entre los 8.000 y los 12.000 pesos; un blend orgánico de bodegas más pequeñas puede arrancar cerca de los 6.000. Para llegar a una de esas vinotecas en Buenos Aires, basta con meterse en Palermo o Las Cañitas: varias quedan sobre Honduras, Costa Rica o Báez, a pocas cuadras del Subte D, estación Ministro Carranza o Palermo.

Los puntajes críticos: marketing, no regulación

Y ojo con las etiquetas circulares con puntajes entre 90 y 100: reproducen calificaciones que críticos internacionales le asignaron a esa botella. Es una herramienta de comunicación, no una certificación oficial. Sirven como referencia, sí, pero conviene leerlas como una opinión, no como un sello de calidad regulado. La mejor época para visitar bodegas y renovar la bodega de casa es el otoño: entre marzo y mayo, cuando termina la vendimia y muchas bodegas abren sus puertas para las nuevas añadas antes de que lleguen a precio lleno a las góndolas.

JM

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