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MAR, 03 NOV 2026
Vida

Clases de parkour para chicos en Buenos Aires: así es una sesión y lo que se llevan los niños

Saltos, trepadas y rodamientos en espacios con piso de goma eva. No hace falta experiencia previa y cada clase sigue una estructura fija.

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Micaela FerreyraSociedad · · lectura 2 min
Clases de parkour para chicos en Buenos Aires: así es una sesión y lo que se llevan los niños

El parkour empieza a ganar lugar entre los más chicos a través de circuitos de saltos, trepadas y rodamientos. Las clases se dan en salas con pisos de goma eva y colchonetas, y están pensadas para que el movimiento sea el centro de todo. Docentes especializados en Buenos Aires explican cómo se arma cada sesión y qué habilidades, tanto físicas como emocionales, desarrollan los chicos a lo largo del proceso.

Sin nivel de entrada

Saltar de un módulo a otro, trepar una pared o buscar el recorrido más eficiente entre una serie de obstáculos son las tareas habituales de estas clases. La propuesta no exige condición física previa: alcanza con tener ganas de moverse, y los ejercicios se van ajustando a cada alumno.

“El parkour para chicos es una práctica adaptativa y exploratoria que recrea entornos para resolver jugando con el cuerpo en movimiento.”Dante Freitas, docente de la especialidad

Cómo se organiza cada sesión

Según describen los docentes, cada clase respeta una secuencia que se repite. Se comienza con ejercicios de movilidad articular, que muchas veces toman la forma de desplazamientos que imitan los movimientos de algunos animales, para preparar articulaciones y músculos. Después llega el núcleo de la sesión, organizado en cuatro familias de movimiento:

  • Saltos: impulsarse en distintas direcciones y a distintas distancias.
  • Vaults: sortear obstáculos de mediana altura de manera fluida.
  • Rolidos: técnica de amortiguación para caídas.
  • Grimpeos: trepadas en muros y paredes.

Al cierre, la clase incluye juego libre adaptado, trabajo de fuerza y elongación guiada. Todo el recorrido se plantea con lógica de juego, de modo que los chicos avanzan sin sentir que están frente a una rutina de entrenamiento tradicional.

Los circuitos tampoco son fijos. Los propios alumnos participan en armarlos y, según Freitas, es frecuente que lleguen con ideas propias sobre un movimiento o un salto que imaginaron en casa y quieran probarlo en la clase. Así, cada sesión adquiere un carácter parcialmente autogestionado, en el que la competencia queda en segundo plano y el eje es el disfrute de moverse.

Equipamiento y espacios

En cuanto al equipamiento personal, los chicos solo necesitan zapatillas con suela de goma completa. Las salas, en cambio, cuentan con pisos de goma eva, colchones de acrobacia, estructuras a escala infantil, paredes de escalada y barras de suspensión. Emma Grasset, codirectora de una escuela de la especialidad que recomienda la práctica desde los 4 años, detalla que también incluyen pirámide de escalada, aros y otros elementos de juego.

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