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JUE, 17 SEPT 2026
Vida

Volver a moverse después de un impasse: la resistencia se va primero, la fuerza se queda un poco más

Una pausa de dos semanas puede hacer que correr o pedalear cueste más, pero los kilos levantados suelen seguir ahí. Especialistas explican qué pasa en el cuerpo y cómo retomar sin frustrarse.

MF
Micaela FerreyraSociedad · 17 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

El lunes a la mañana, después de casi quince días sin pisar el gimnasio ni calzarse las zapatillas, Mariana se paró frente a la cinta del living y sintió algo que no esperaba: las piernas respondían, pero los primeros cinco minutos de trote se le hicieron eternos, como si le faltara el aire antes de tiempo. La escena se repite en estos días en muchos hogares argentinos, después de las vacaciones, de una gripe que se estiró o de una semana de trabajo sin horarios, y la pregunta que aparece es siempre la misma: ¿se perdió todo lo que costó construir? La respuesta corta es no, y la larga es la que vale la pena entender, porque no todo el cuerpo se deteriora al mismo ritmo cuando uno deja de entrenar.

La resistencia se cae antes que los músculos

Según le explicó Jesse a este portal, profesor de medicina deportiva en la Universidad de Western States, hay una diferencia clara entre lo que aguanta el corazón y los pulmones y lo que sostienen los músculos. La capacidad aeróbica, esa que se nota cuando uno corre, pedalea o nada, empieza a resentirse alrededor de las dos semanas de inactividad, mientras que la fuerza suele mantenerse mejor y mostrar caídas recién después de tres o cuatro semanas sin moverse. Por eso, volver a trotar puede sentirse como subir una cuesta nueva, pero levantar la bolsa del súper o cargar las compras del fin de semana suele seguir siendo una tarea conocida.

“Las adaptaciones del entrenamiento no desaparecen al mismo ritmo: la función cardiopulmonar es más sensible a la interrupción que la fuerza muscular.”Jesse Shaw, profesor de medicina deportiva de la Universidad de Western States

Esa asimetría tiene una explicación bastante concreta: el cuerpo prioriza lo que usa. Cuando uno deja de correr, el corazón, los pulmones y los vasos sanguíneos pierden parte de la eficiencia que ganaron con el entrenamiento, y eso se traduce en una frecuencia cardíaca que sube más rápido y en una sensación de falta de aire que aparece antes. Los músculos, en cambio, conservan durante más tiempo la memoria del esfuerzo, sobre todo si en la vida cotidiana uno sigue caminando, subiendo escaleras o haciendo tareas que demandan algo de fuerza, como cargar los bolsos del viaje o acomodar muebles en casa.

  • Pasada las dos semanas sin actividad aeróbica puede empezar a bajar la función cardiopulmonar, lo que se nota como más esfuerzo al correr o pedalear.
  • La fuerza suele mantenerse mejor y muestra caídas recién después de tres a cuatro semanas de inactividad total.
  • Mantener un consumo adecuado de proteínas durante la pausa ayuda a conservar la masa muscular.
  • Sumar caminatas suaves o repetir los movimientos del entrenamiento con menor exigencia puede servir como puente antes de la vuelta plena.
  • Una interrupción cercana a las dos semanas puede dejar al cuerpo en condiciones de aprovechar la vuelta y, en algunos casos, rendir mejor que antes, en lo que los especialistas llaman supercompensación.

Cómo retomar sin castigarse

Andy, entrenador personal, le dijo a este portal que la vuelta al entrenamiento después de una pausa pide un gesto que a muchos les cuesta: bajar un cambio las expectativas. Los primeros días conviene priorizar la recuperación, sostener una buena hidratación y subir la exigencia de forma gradual, en lugar de pretender repetir la rutina que se hacía antes del impasse. Volver a la cinta del living, en el caso de Mariana, no significa intentar correr los mismos cinco kilómetros del verano, sino quizá empezar con caminatas intercaladas con trote suave y aceptar que el cuerpo pide su tiempo para reencontrarse con el ritmo. Como me dijo Andy con una frase que me quedó dando vueltas: el entrenamiento no se pierde en dos semanas, pero la paciencia tampoco se recupera apretando un botón.

Lo que queda claro, en definitiva, es que el cuerpo lleva un registro bastante detallado de lo que uno hizo durante meses, pero también marca diferencias claras entre lo que se deteriora rápido y lo que se mantiene. Entender eso ayuda a volver sin frustración, ajustar el calendario y, sobre todo, no abandonar el plan al primer síntoma de esfuerzo.

MF

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