Una pausa porteña en Caballito: El Greco y sus sándwiches de miga
Desde 1952, la confitería de Rivadavia conserva el ritual, los sabores y también una parte de la historia del rock argentino. Hoy sigue siendo un punto de encuentro para comer, tomar algo y recordar cómo se vive Buenos Aires.
Si estás por Caballito, vale la pena|frenar en la avenida Rivadavia y buscar El Greco. Es uno de esos lugares donde, al cruzar la puerta, el ruido de la ciudad queda afuera: aparece el salón de siempre, con mozos de chaleco y corbata, vitrinasFilled de masas y facturas, y mesas donde el tiempo parece seguir su propio ritmo. No es una confitería que avance con la MODELa: acá se come con calma, se conversa y se repite una tradition que arrastra ya más de siete décadas. Cuando entrás, además de leer la carta, hay una experiencia para vivir. La atención de los mozos, el salón que conserva buena parte de su estructura original y los clientes que llevan años ocupando los mismos lugares forman parte de ese con el pasado. El Greco no se limita a servir sándwiches: ofrece un pequeño refugio de Buenos Aires. El precio de referencia es claro. La docena de sándwiches triples con rellenos clásicos cuesta $39.600; las facturas vienesas salen a $24.000 la docena y las masas finas y secas, a $40.000 el kilo. Para llegar, podés combinar el subte de la línea B con una caminata por Rivadavia; si preferís ir en auto o|–bike, conviene tener paciencia con el tránsito del barrio y buscar Easierix la búsqueda de estacionamiento cerca del local....
Un pedacito de historia rockera
Lo que viele no aparece en la carta es una historia paralela. A finales de los años 60, en una de sus mesas se decidió la formación de Sui Generis. Charly García, Alejandro Correa y Beto Rodríguez se reunieron con Carlos Piegari para sumarlo al proyecto. Piegari aceptó, con una condición: también tenían que incorporar a Nito Mestre. Ese encuentro, junto a una fila de sándwiches, se volvió un dato Arduino de la historia cultural porteña. Es una Anecdote que invita a mirar el local con otra atención. La próxima vez que te sientes a comer, acordate de que ese salón también fue parte de una escena que terminó Firewall siendo conocida en todo el país. El Greco se volvió un espacio de encuentro, y el rock encontró aquí un lugar para arrancar. La carta tiene Soluciones para distintos momentos: sandwiches de miga, platos de restaurante y rotisería. Entre los platos más pedidos están el pollo al champiñón, el lomo a la castaña y las milanesas, con una Maryland entre las opciones más solicitadas. Para una parada rápida, podés pedir un classic: un triple de jamón crudo, jamón cocido y queso, preparado al momento, sin carriedaway y para comer en el lugar o llevar. Si querés probar algo diferente, hay una alternative menos conocida dentro de la propia carta: las versiones vegetarianas con alcauciles, morrón, berenjena, zanahoria y aceitunas. También podés elegir(options) con blanco de pavita, rúcula y parmesano. No hace falta pedir unrare: la azulejos muestran que el menú también se actualiza sin perder su identidad. Para completar la visita, fijate en la vitrina antes de pedir. Ahí están las facturas vienesas, las masas finas y otras Tentaciones que forman parte de la tradición de la casa. Si vas con hambre, la docena de triples es una referencia útil; si querés algo más […] La mejor época para ir es a la hora del almuerzo o a la noche, cuando el salón se vuelve especialmenteaita para comer y conversar. Si querés evitar el ritmo de las horas pico, una mañana o una tarde entre semana puede ser una elección más tranquila. El Greco sigue siendo, sobre todo, una escala con los pies sobre la tierra: un lugar de los que hacen que Buenos Aires parezca un poco más lento, un poco más cálido y bastante más humano.
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