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MIÉ, 21 OCT 2026
Entretenimiento

El búfalo que reemplaza al lobo: cómo Marshals reescribe en silencio el duelo de Kayce Dutton

En la segunda temporada del spin-off de Yellowstone, un animal inesperado aparece en los momentos más sensibles del personaje de Luke Grimes y desplaza el simbolismo que la serie original construyó durante cuatro años.

LP
Lucía PereyraCultura y espectáculos · · lectura 4 min
El búfalo que reemplaza al lobo: cómo Marshals reescribe en silencio el duelo de Kayce Dutton

Me acomodé en el sillón con el control en la mano, bajo el subtítulo del segundo capítulo de Marshals, y ahí estaba él: un búfalo quieto, pastando a lo lejos, justo cuando Kayce Dutton miraba sus tierras en el Campamento Este. La imagen dura pocos segundos, no hay subrayado musical ni explicación, y sin embargo algo en la escena se queda dando vueltas. Quienes seguimos a Luke Grimes desde las primeras temporadas de Yellowstone sabemos que ese hombre no comparte pantalla con animales por casualidad: durante cuatro años, los lobos fueron su sombra, su confesión a cielo abierto, su manera de decir sin palabras lo que le costaba horrores poner en una conversación. Hoy, en este spin-off que acaba de estrenar su segunda temporada, ese lenguaje se reconfigura y el búfalo ocupa un lugar que hasta ahora le pertenecía al lobo, lo cual me parece un movimiento narrativo de los que vale la pena desarmar despacio.

Lo que los lobos significaban (y por qué su ausencia pesa)

En Yellowstone, el vínculo entre Kayce y los lobos quedó fijado en una escena que muchos tenemos memorizada: el personaje se acerca a uno de esos animales y le dice, de frente, "No soy tu amigo. Soy tu enemigo. Me guste o no, lo soy". Era la condensación perfecta de un conflicto interno que el protagonista nunca terminaba de resolver, esa tensión permanente entre el mundo natural y la familia Dutton, entre lo que le pedían las tierras y lo que le pedía la sangre. El punto más alto de ese simbolismo llegó sobre el final de la cuarta temporada, cuando Kayce participó en el Haŋbléčeyapi, un ritual indígena de visión: una niña vestida de blanco lo guió hasta el borde de un acantilado donde se abrían dos caminos, y esa niña era, en realidad, la forma que tomaba el lobo como animal espiritual del personaje. Desde entonces, cada vez que un lobo aparecía en cuadro, sabíamos que Dutton estaba atravesando una decisión sin salida clara, un dilema que lo partía al medio.

El búfalo como nuevo lenguaje del duelo

Marshals introduce ese cambio con una economía de recursos admirable. En el segundo episodio, después de ver al animal a lo lejos, Kayce se aleja hacia la tumba de John Dutton y reflexiona junto a su hijo Tate sobre lo que les toca atravesar. En el tercero, la imagen vuelve a aparecer, y esta vez el contexto lo dice todo: el padre acaba de encontrar a Tate practicando tiro al blanco, una actividad que lo inquieta porque el chico nunca había mostrado interés por las armas. Cuando intenta hablar con él y no lo logra, Kayce mira al horizonte y el búfalo está ahí otra vez, en la misma actitud de observación serena, como si supiera algo que el protagonista todavía no se animó a poner en palabras. La repetición no es casual: conecta al animal con el duelo por Monica, con esa dificultad enorme para reconectarse con su hijo, con la sensación de que algo en la familia se rompió para siempre.

Lo que dice Mo (y lo que queda sin decir)

La conversación con Mo abre una lectura más directa, aunque no cierre del todo el misterio. En ese intercambio, el búfalo aparece asociado a la necesidad de Kayce de confrontar sus emociones y encontrar un motivo genuino para seguir adelante, nada menos. El animal ya no representa la tensión entre el personaje y su entorno familiar, como ocurría con el lobo, sino un proceso íntimo, casi solitario, de recomposición personal. El cambio de símbolo modifica también el tono general de la serie: donde el lobo marcaba conflicto, el búfalo marca una pausa, una respiración honda en medio del dolor.

Si me permiten la confidencia, creo que ese corrimiento del lobo al búfalo le hace mucho bien a un personaje que venía cargando una mochila emocional enorme desde la serie original. Verlo observar al animal sin disparar, sin correrlo, sin convertirlo en una amenaza, me dio la sensación de que por primera vez en mucho tiempo Kayce se permite simplemente estar en el duelo, sin la obligación de resolverlo en el mismo plano. Y a mí, como espectadora adulta que atraviesa sus propias pérdidas, esa imagen me llegó con una fuerza que no esperaba de un spin-off que, en teoría, venía a ampliar el universo Dutton y termina, capítulo a capítulo, volviendo a lo más hondo de uno solo de sus personajes. Eso, creo, es precisamente lo que lo convierte en una de las apuestas más interesantes de la pantalla de estas semanas.

LP
Lucía PereyraCultura y espectáculos

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