Una orquesta que se deja desarmar en vivo: Nelson Castro y la Sinfónica de Neuquén suben al escenario del Español con una clase abierta
El viernes 2 de octubre, el periodista formado en dirección orquestal comparte batuta con Andrés Tolcachir en una velada que invita a mirar de cerca cada instrumento de la formación, con Boléro, Guillermo Tell, Finlandia y Un americano en París como banda sonora. Las entradas ya están en venta en la boletería del cine teatro y la función se transmite en vivo por YouTube.
Son las 21 del viernes 2 de octubre y las luces del Cine Teatro Español de Neuquén capital todavía no terminaron de apagarse cuando, desde el foso imaginario que reemplaza a las butacas de adelante, empieza a sonar algo que no parece un concierto: una voz pide silencio, presenta la familia de los vientos, y recién después aparece el primer acorde. Así arranca "Lección de Orquesta", la propuesta que la Orquesta Sinfónica de Neuquén trae esta semana al centro de la ciudad, y que se propone algo tan sencillo como inusual: explicarse mientras suena.
La velada tiene dos nombres propios en el escenario. Andrés Tolcachir, el director titular de la formación, será el que lleve la batuta durante todo el programa. Pero la conducción didáctica —la que va contando qué hace cada instrumento, por qué suena como suena y dónde se sienta dentro de la orquesta— quedará en manos de Nelson Castro, el periodista que el público argentino conoce por su trayectoria en radio y televisión y que, en paralelo, se formó como guitarrista y director de orquesta.
Una clase que también es concierto
La idea, según contaron los organizadores a este medio, es que la noche funcione como una suerte de clase abierta: mientras los músicos interpretan las obras, Castro irá guiando al público por las distintas secciones —cuerdas, maderas, bronces, percusión— para que cualquiera pueda identificar qué está sonando y por qué. No se trata, aclaran, de reemplazar el programa de mano, sino de sumarle a la escucha una capa de explicación en vivo, pensada tanto para quien va a la sala por primera vez como para el oyente habitual que quiere entender un poco más de lo que ya disfruta.
- Obertura de Guillermo Tell, de Gioachino Rossini: la pieza que popularizó la tele y los dibujos animados, con sus coros de caza y su final a pura carga.
- Boléro, de Maurice Ravel: una sola melodía que crece durante casi quince minutos sobre un pulso de caja que no se detiene nunca.
- Finlandia, Op. 26, de Jean Sibelius: himno de un país, con ese arranque solemne que se vuelve bronce puro.
- Un americano en París, de George Gershwin: la suite con claxon de taxi incluida, puente improbable entre Broadway y la sala sinfónica.
Para Castro, además, la fecha de Neuquén tiene un condimento especial: en septiembre de 2025, apenas unas semanas atrás, había debutado como director frente a unos setecientos músicos en el Patio Cívico del Monumento a la Bandera de Rosario, donde condujo la Marcha de San Lorenzo, entre otras piezas, y se retiró del escenario bajo una ovación de pie. Aquella tarde en Rosario funcionó como una especie de bautismo masivo; lo del viernes en el Español será una prueba más íntima, en una sala con butacas de madera y una acústica clásica, y con un programa pensado para que el oído se vaya educando sin darse cuenta.
Entradas, boletería y streaming
Las localidades ya están a la venta únicamente en la boletería del Cine Teatro Español, de lunes a viernes entre las 8:30 y las 21: la general sale 25.000 pesos y los jubilados abonan 20.000. No hay venta online. Para quienes no puedan acercarse, la función se transmitirá en vivo por el canal de YouTube de RTN. El concierto es organizado por la Fundación BPN con el apoyo del Gobierno de la Provincia del Neuquén, y la recomendación, sobre todo para familias con chicos en edad escolar, es llegar temprano: la sala suele colmarse en este tipo de funciones didácticas y la ubicación, como siempre en el Español, hace a la experiencia.
Cuando la última nota de Gershwin se apague y vuelva a encenderse la luz del Cine Teatro Español, va a quedar esa sensación extraña que dejan los buenos conciertos didácticos: la de haber entendido, sin haberlo buscado demasiado, por qué una orquesta suena como suena. Para los que ya van, un motivo más para volver. Para los que nunca se animaron, una excusa perfecta para cruzar la puerta y sentarse a escuchar, esta vez, con alguien que va contando desde el escenario qué es lo que estamos oyendo.
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