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MIÉ, 14 OCT 2026
Vida

Un parásito en la caja de arena: lo que un estudio con 157.000 gatos dice sobre los riesgos de la giardiasis

Un relevamiento masivo en Estados Unidos y Canadá identificó variantes de Giardia duodenalis en felinos domésticos que pueden transmitirse a las personas; los más afectados son los gatos de menos de un año, aunque muchos no muestran síntomas.

MF
Micaela FerreyraSociedad · · lectura 3 min
Un parásito en la caja de arena: lo que un estudio con 157.000 gatos dice sobre los riesgos de la giardiasis

Son las siete de la mañana y la cocina todavía está en penumano cuando María, como cada día, se agacha junto a la caja de arena del gato y revisa, casi por costumbre, las piedritas que dejó la noche anterior. No es veterinaria ni microbióloga, pero después de leer un estudio reciente sobre más de 157.000 muestras fecales de gatos en Estados Unidos y Canadá, esa rutina doméstica empezó a parecerle un poco más importante. El trabajo, publicado en la revista PLOS One, detectó la presencia del protozoo intestinal Giardia duodenalis en el 6,3 por ciento de los felinos analizados, una cifra que, traducida a un hogar, significa que uno de cada quince gatos podría estar transitando una infección que muchas veces pasa desapercibida. Lo que más llamó la atención de los autores es que, dentro de ese grupo positivo, el 18,5 por ciento portaba las variantes genéticas A y B, las mismas que pueden afectar a los seres humanos y a otros mamíferos, a diferencia de los ensamblajes que circulan de manera predominante entre los propios gatos.

Los más chicos, los más expuestos

La edad apareció como uno de los factores más claros del estudio. Los gatos menores de un año registraron una tasa de infección del 10,7 por ciento, contra apenas el 1,3 por ciento en los adultos. Entre los jóvenes positivos, además, casi uno de cada cinco -el 19,7 por ciento- presentó las variantes A o B, las que tienen potencial de saltar entre especies. Los investigadores lo vinculan con una combinación conocida por cualquier criador o por quien haya visto camadas enteras compartiendo el mismo espacio: mayor exposición a superficies comunes, sistemas inmunológicos todavía en formación y, muchas veces, camadas donde la higiene depende de un plato de agua compartido y una camada de piedritas que, sin saberlo, puede convertirse en reservorio.

Cómo se transmite y qué mirar en casa

  • El parásito se libera al ambiente a través de quistes presentes en las heces del gato infectado, estructuras que pueden sobrevivir semanas en superficies, telas o recipientes.
  • El contagio se produce por vía oral, al entrar en contacto con agua, alimentos, objetos o manos contaminadas con esos quistes.
  • Los signos en los gatos incluyen diarrea, deposiciones blandas o líquidas, abdomen distendido, cambios de apetito y menor nivel de actividad, aunque ninguno de estos síntomas confirma por sí solo la presencia de Giardia.
  • Tanto en animales como en personas, la infección puede transcurrir sin manifestaciones visibles, lo que hace clave el examen veterinario de rutina, sobre todo en hogares con chicos, embarazadas o personas inmunocomprometidas.

La buena noticia, coinciden los autores, es que un resultado positivo en el gato no equivale automáticamente a un contagio en la familia. Significa, eso sí, que el animal necesita una evaluación profesional, en general con un examen coproparasitario o, cuando el caso lo justifica, con una PCR que detecta el material genético del parásito en la materia fecal. Para María, que sigue con su rutina de cada mañana junto a la caja de arena, la conclusión es razonable y bastante humana: no hay que alarmarse, pero sí estar atentos. Lavarse las manos después de manipular la bandeja, higienizar los recipientes de comida y agua con agua caliente y llevar al gato al veterinario ante cualquier cambio digestivo persistente son gestos sencillos que, vistos en conjunto, bastan para mantener a raya a un parásito que, como tantos otros, prospera justamente cuando nadie lo mira.

MF

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