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LUN, 14 SEPT 2026
Turismo

Pipa, el pueblo brasileño que los surfistas despertaron y hoy enamora con sus once playas

En el nordeste de Brasil, a poco más de una hora de Natal, un antiguo caserío de pescadores se transformó en uno de los destinos costeros más singulares del continente: acantilados rojos, delfines a simple vista, dunas que cruzan el río y una gastronomía que recién despierta al atardecer.

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Julieta MoralesTurismo · 14 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Te imaginarías llegar a un pueblo del nordeste brasileño y encontrarte con once playas distintas en pocos kilómetros, delfines nadando a metros de la orilla y un acantilado que parece un corazón dibujado por la naturaleza. Eso es Pipa, un balneario del estado de Río Grande del Norte que todavía conserva esa escala humana que se pierde en otros destinos más masivos del Brasil.

Lo que hoy ves como un pueblo con restaurantes, posadas y música en vivo durante décadas fue apenas un caserío de pescadores. El punto de inflexión llegó en los años ochenta, cuando los surfistas lo descubrieron, el rumor se extendió y el lugar empezó a crecer sin traicionar del todo su ADN tranquilo. El nombre, además, tiene su propia historia: los portugueses que llegaron a esta costa en el siglo XVII veían desde el mar un acantilado con forma curva que les recordaba a los barriles de madera —pipas, en portugués de Portugal— que transportaban en sus barcos. La palabra quedó.

Once playas con personalidad propia

  • Praia do Amor: la más fotografiada, famosa por la silueta de corazón que dibuja vista desde lo alto del acantilado y por su oleaje intenso, ideal para surfistas. Se accede por una escalera tallada en la roca durante la marea alta o caminando por la arena cuando el mar baja.
  • Praia do Centro: la versión más serena del pueblo, con aguas calmas, pozas naturales que aparecen con la bajante y una hilera de barcos de pescadores que siguen faenando junto a los turistas.
  • Baía dos Golfinhos: donde los delfines se acercan a comer cerca de la orilla y se los puede ver sin necesidad de excursión ni guía contratado.

Si te animás a moverte un poco más, cruzar en balsa hacia Tibau do Sul te abre otro paisaje: dunas extensas, cajueiros entre médanos y playas de nombres poco conocidos como Malembá, Barreta y Camurupim. El paseo en buggy por ese litoral arranca desde unos 85 dólares por vehículo (hasta cuatro personas) y puede extenderse a una versión de día completo por alrededor de 110. El ferry suma unos 2 dólares por persona. Una alternativa menos conocida pero que vale la pena: pedirle al barquero que te deje en la playa de Malembá, donde casi no hay servicios y el silencio es el protagonista.

Cuándo ir, cuánto sale y cómo llegar

El acceso desde Buenos Aires es directo al aeropuerto de Natal, y de allí hasta Pipa el viaje en auto insume alrededor de una hora y media. En cuanto a alojamientos, los precios van de los 50 dólares la noche en las posadas más sencillas hasta los 400 en temporada alta. La gastronomía local tiene su propio ritmo: la mayoría de los locales abre recién a media tarde, reservando la mañana para el mar. Sobre la avenida Baía dos Golfinhos, la tarde se transforma en mesas al aire libre y música en vivo. El plato de referencia de la cocina potiguar, como se llama a la del Río Grande del Norte, es la moqueca: un guiso de pescado que resume el vínculo del pueblo con el océano.

La mejor época para ir es entre septiembre y febrero, cuando el clima es más seco, las temperaturas rondan los 28 grados y el mar está calmo para meterse sin pasar frío. Si viajás en julio, temporada alta brasileña, reservá con anticipación: los valores se duplican y el pueblo se llena de carnaval fuera de temporada.

JM

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