Patricio Guzmán y el archivo vivo de un país que se quebró en tres películas
La trilogía documental «La batalla de Chile» regresa como una de las piezas fundamentales para entender el camino que llevó al golpe de Estado contra Salvador Allende y la instalación de Pinochet.
Volví a ponerme frente a la pantalla para revisitar una obra que, cada vez que la descubro, me deja esa sensación de estar espiando la historia por la rendija de una puerta entreabierta. «La batalla de Chile», del documentalista Patricio Guzmán, es una de esas películas que no se miran: se atraviesan. Y atravesarla otra vez es recordar que el cine, cuando se propone algo más que entretener, puede convertirse en un documento que sigue respirando mucho después de que los protagonistas se hayan ido.
La propuesta se sostiene sobre una estructura tripartita que funciona casi como un mosaico: «La insurrección de la burguesía», «El golpe de estado» y «El poder popular» son los tres capítulos que arman el rompecabezas del gobierno de Salvador Allende y del golpe que instaló a Pinochet en Chile. Guzmán registró lo que pasaba mientras pasaba: las discusiones en el Parlamento se cruzan con las asambleas de los trabajadores, las tensiones crecientes conviven con los debates internos de la izquierda sobre cómo responder al conflicto, hasta que la intervención militar termina por cortar la película —y el gobierno— de un modo brutal.
Un cine que nace para mirarse a sí mismo
Esa manera de filmar no es casual ni inocente: la obra se inscribe en el llamado Tercer Cine, una corriente surgida en regiones como Latinoamérica que buscó despegarse del modelo comercial de Hollywood y pensó al documental como una herramienta para registrar procesos históricos y expresar un compromiso político. En «La batalla de Chile», esa vocación aparece en cada plano, en el modo en que la cámara se mete en las fábricas, en las calles y en los debates para mostrar el conflicto en distintas escalas: lo que se discute en una banca del Parlamento convive con lo que se resuelve —o se traba— en una asamblea obrera.
- Tres películas integran la trilogía: «La insurrección de la burguesía», «El golpe de estado» y «El poder popular».
- La cámara sigue los hechos en tiempo real durante el gobierno de Salvador Allende y el golpe que llevó a Pinochet al poder.
- Combina el registro de la actividad parlamentaria con asambleas obreras y discusiones internas de la izquierda.
- Se enmarca en el Tercer Cine, una corriente latinoamericana que buscó producir cine por fuera del modelo comercial de Hollywood.
- El montaje articula recursos cinematográficos, periodísticos y explicativos para reconstruir el conflicto en distintas escalas.
Cada vez que vuelvo a esta trilogía pienso lo mismo: que el cine político bien hecho no se limita a denunciar, sino que se anima a mirar de frente, con paciencia y sin bajar línea, la complejidad de los procesos colectivos. Guzmán consigue algo que pocos documentales logran: que el espectador entienda que una revolución —como una derrota— se construye en mil escenas chicas, en debates que parecen menores, en gestos de gente común que termina quedando del lado equivocado de la historia. Por eso «La batalla de Chile» sigue siendo, tantas décadas después, una película que incomoda y, justamente por eso, sigue siendo necesaria.
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