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MAR, 08 SEPT 2026
Entretenimiento

Hot Wheels rompe sus propias pistas y se manda al mundo abierto con 150 autos y cero reglas

Milestone reinventa la franquicia de Mattel con cuatro islas destructibles, cuatro estilos de manejo y una premisa clara: manejar, chocar y coleccionar, sin campaña ni vueltas.

LP
Lucía PereyraCultura y espectáculos · 7 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Lo primero que llama la atención al entrar a Hot Wheels Infinite Rush no es un menú ni una pantalla de inicio: es el ruido metálico de un auto a escala estampándose contra una columna de luz porque uno todavía está acomodando el joystick. Esa sensación de juguete gigante sobre la mesa es, justamente, la que el estudio italiano Milestone decidió llevar hasta las últimas consecuencias con su nueva entrega de la franquicia de Mattel, que esta vez se anima a romper el molde y dejar atrás las pistas cerradas que dominaron las dos décadas anteriores para plantarse de lleno en un mundo abierto con cuatro islas enormes y ningún trazado prefijado que respetar.

El mapa se reparte entre Wheelswood, una ciudad con rascacielos y tránsito; Tentacle Bay, una zona costera con ecosistemas variados; Gearville, una región industrial atravesada por dunas; y Drifty Temples, un área de inspiración oriental con curvas de montaña que parecen hechas a medida para derrapar. Todo eso, además, reacciona al impacto: se pueden tirar árboles, romper luminarias y desparramar vehículos civiles, lo que refuerza esa idea de estar recorriendo una maqueta gigante más que un escenario de videojuego convencional.

Cuatro formas de acelerar y un catálogo para coleccionistas

La conducción se divide en cuatro familias bien marcadas: los bólidos, que vuelan en recta y recargan turbo acelerando a fondo; los derrapadores, que acumulan nitro mientras deslizan en cada curva; los equilibrados, que generan energía con casi cualquier maniobra; y los Titanes, los todoterrenos pensados para el terreno desparejo y con recarga automática. El cambio entre categorías se hace al vuelo, sin frenar la marcha, algo que cambia por completo la manera de planificar cada tramo.

Para los que llevan la vena coleccionista, el juego ofrece más de 150 vehículos entre prototipos originales de la marca y licencias de fabricantes reales, con fichas históricas de cada modelo y un editor para customizar pintura, llantas e interiores. A eso se le suman modos multijugador competitivos con ranking, partidas cooperativas o casuales y un editor de pistas para armar circuitos propios. Técnicamente, mantiene 60 cuadros por segundo estables en consola, clave para un arcade de esta velocidad, aunque con algunas asperezas: texturas que tardan en cargar y reapareciones que rondan el minuto después de algunos eventos.

No hay campaña argumental, y eso se nota. Las primeras horas vuelan porque la libertad es genuina y todo es nuevo, pero a medida que se gastan las sorpresas el hilo conductor ausente empieza a pesar. Aun así,Infinite Rush sabe a qué público le habla: a los fans de la marca que quieren manejar un Bone Shaker entre dunas, y a los que buscan un arcade de velocidad sin tutoriales eternos ni misiones de veinte minutos. Yo, que crecí armando circuitos en el piso de la cocina, lo terminé recorriendo con la misma sonrisa con la que desarmaba un paquete nuevo: con la certeza de que Milestone acertó al tratar a estos autos como lo que siempre fueron, juguetes a los que soltar en un patio enorme.

LP
Lucía PereyraCultura y espectáculos

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