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JUE, 24 SEPT 2026
Vida

El espejo que nos devuelve la infancia: lo que Gabriel Rolón advierte sobre quedar atrapado en la nostalgia

El psicólogo y escritor repasó el lugar de los recuerdos en la búsqueda de bienestar, marcó los riesgos de idealizar el pasado y planteó un equilibrio entre los proyectos a futuro y la posibilidad de sentirse bien en el ahora.

MF
Micaela FerreyraSociedad · 24 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Me acomodé en la silla, con la taza todavía humeando sobre la mesa, y dejé que la voz de Gabriel Rolón me fuera envolviendo. Hablaba de la felicidad como si fuera una lámpara que uno mueve por la casa: a veces la pone sobre la foto del primer viaje en la montaña, otras veces sobre el proyecto laboral que promete cerrar el año que viene, y casi nunca, dijo él, la deja encendida sobre la mesa donde se sirve el café de cada mañana. Esa imagen, simple y algo provocadora, fue el hilo de toda la conversación que mantuvo con este portal.

Porque lo que Rolón puso sobre el tapete no fue una queja contra los recuerdos ni un llamado a borrar la nostalgia, sino una pregunta más incómoda: cuánto del bienestar que uno podría tener hoy queda escondido detrás de un pasado idealizado o de un futuro siempre postergado. El planteo atraviesa a cualquiera que haya abierto una vez un álbum familiar y se haya quedado un rato largo mirando esa foto de los padres en la playa, con el sol entrando de lleno, sin advertir, tal vez, que uno está editando ese recuerdo a la medida del consuelo.

Los recuerdos como mapa, no como destino

Para el psicólogo y escritor, mirar hacia atrás tiene un valor genuino: reconocer que hubo momentos felices permite entender el recorrido personal, dimensionar los esfuerzos que se hicieron y darle sentido a los vínculos que se construyeron. Los recuerdos, dijo, conservan su valor aunque ya no puedan recuperarse tal como fueron. Ahí está su primera coordenada: la memoria como un mapa que orienta, no como un lugar al que volver para quedarse a vivir.

“Hacemos como una edición, un photoshopeo de los recuerdos.”Gabriel Rolón

El segundo paso de su razonamiento fue más filoso. Cuando alguien se aferra demasiado a esa versión embellecida de lo vivido, explicó Rolón, puede dejar de trabajar en la posibilidad de construir bienestar hoy. Y ahí soltó una frase que duele un poco por lo precisa: "Hay personas que desean más haber sido felices que ser felices". Es, en el fondo, una manera de describir a quienes viven desde la nostalgia: más pendientes del brillo que tuvo la infancia, del carácter noble que le atribuimos al padre que ya no está, de la primavera en la que todo parecía posible, que del aquí y del ahora.

Los sueños, sí, pero también el presente

Rolón no propuso renunciar a los proyectos ni burlarse de quienes trazan planes a futuro. Lo que advirtió es sobre la postergación permanente: la costumbre de empujar la posibilidad de sentirse bien hacia un "después" que nunca termina de llegar. Frente a eso, lanzó una invitación corta y directa: "Intentemos algo aquí, ahora". Sueños y presente, planteó, pueden convivir siempre que no se use la esperanza como excusa para bajarse de la vida antes de tiempo.

Cerré la nota con la taza ya tibia y la foto del viaje en la montaña todavía sobre la mesa. La imagen, me parece, es un buen recordatorio: mirar hacia atrás puede alimentar el presente, pero si uno se queda pegado a esa foto, corre el riesgo de no advertir que afuera, en el living, hay una tarde de estas que también merece ser recordada después. Y ahí, justamente ahí, parece empezar el trabajo que Rolón propone: correrse un poco del espejo de la nostalgia y permitirse, de una vez, ser feliz en el momento que toca.

MF

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