El Coyote se sube a los tribunales: la nueva película que lo pone cara a cara con Will Forte
La película supera los 90 minutos, mezcla animación con actores reales y recupera la fórmula de los cortos clásicos en formato de juicio.
Lo primero que uno escucha al entrar a la sala es ese silencio raro que se hace cuando la pantalla todavía está en negro y aparece el logotipo de Warner. Es una señal de que lo que viene es otra cosa. Y lo que viene es Coyote vs. Acme, la película que pone al Coyote de los Looney Tunes como protagonista absoluto de un relato que mezcla dibujo animado con actores reales y que, esta vez, se anima a algo que el personaje nunca había probado: un juicio.
La historia, que se extiende durante algo más de 90 minutos, comparte el centro con un personaje humano interpretado por Will Forte, con quien el Coyote construye un vínculo que organiza toda la narración. Aunque cada uno se mueve con reglas muy distintas —uno responde a la lógica del dibujo, el otro a la del mundo real—, sus conflictos se parecen más de lo que parece: los dos cargan con intentos que no salen como esperan y con la decisión de volver a empezar igual.
Una fórmula de toda la vida, pero estirada
El Coyote viene de décadas de cortos donde la dinámica era siempre la misma: diseñar un plan, fracasar y armar otro. Esa insistencia forma parte de su identidad, y acá se reescribe en formato largo. Las caídas, los golpes y los artefactos imposibles, que durante años duraban apenas siete minutos, ahora se acomodan dentro de una trama que incorpora el cine de juicios como motor.
La película además se apoya en una tradición que Warner ya conoce bien. Space Jam y Looney Tunes: De nuevo en acción habían juntado antes a los personajes animados con figuras del mundo real —en aquellos casos, Michael Jordan y un elenco variado—, usando el choque entre los dos universos como fuente de humor y de caos. Coyote vs. Acme se inscribe en esa línea, pero con una diferencia clara: el Coyote ya no está en el del relato, sino que se planta en el centro.
A mí, lo confieso, me emocionó ver al Coyote ocupar el centro de la escena sin pedir permiso. Hay algo tierno y muy humano en un personaje que lleva décadas cayendo al precipicio y, aun así, se levanta para probar otra vez. Esa insistencia, contada en este tono de búsqueda de justicia, le termina dando al viejo tramposo del desierto un lugar que siempre mereció. Quién sabe cuál de los Looney Tunes se anima a la próxima —yo, si me preguntan, ya estoy eligiendo a uno.
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