Cuando la gripe se vuelve una urgencia: las señales que el cuerpo enciende antes de que sea tarde
La falta de aire, el dolor en el pecho y un empeoramiento brusco después de una mejoría son motivos para consultar sin demora. Una mirada, con un infectólogo como guía, sobre los síntomas que nunca hay que subestimar en chicos, adultos mayores y personas con enfermedades previas.
Todavía me acuerdo del café que se enfría en la mesa mientras mi madre buscaba el termómetro, muy de mañana, con esa tos que parecía no terminar nunca. En aquel momento nadie pensaba en neumonía ni en sepsis; lo que había era fiebre, un cuerpo que dolía y la certeza, después de tres días mejorando, de que algo se había roto de golpe. Por eso, cada vez que un invierno aparece con su ronda de estornudos por todos lados, uno vuelve a mirar la letra chica de los prospectos del medicamento que tiene al lado del termo. Lo que parece una gripe demanual puede transformarse en una complicación seria, y la diferencia, muchas veces, la hace prestar atención a las señales que el cuerpo manda antes de que sea tarde.
Por qué un bache en la mejoría puede ser la peor señal
El escenario más común que describe Dhatri Kotekal, especialista en enfermedades infecciosas consultado por Cleveland Clinic, es el de un paciente que parecía estar dejando atrás el cuadro y, casi sin aviso, vuelve a sentirse mal: fiebre que reaparece, tos que se profundiza, una debilidad que ya no se explica. Para Kotekal, esa recaída brusca es una razón suficiente para llamar al médico sin esperar al día siguiente. «Sentirse mejor durante una gripe y empeorar de golpe es un motivo para consultar sin demora. Ese cambio puede indicar que apareció una infección secundaria, como una neumonía», señaló el infectólogo. La idea es simple y a la vez incómoda: la evolución del cuadro importa tanto como los síntomas del arranque.
Las señales que requieren atención inmediata
- Dificultad para respirar, sensación de falta de aire o respiración muy acelerada.
- Dolor o presión persistente en el pecho.
- Labios o uñas azulados, un signo de que la sangre no está recibiendo suficiente oxígeno.
- Confusión, desmayo o alteraciones en la lucidez.
- Vómitos intensos o deshidratación severa que impiden retener líquidos.
- En niños pequeños, respiración agitada y llanto que no se logra calmar.
Quiénes tienen que mirar la gripe con más cuidado
La consulta temprana cobra una importancia especial para quienes conviven con diabetes, enfermedades renales, cardíacas o pulmonares, u obesidad: en esos casos, el deterioro puede producirse en apenas 24 o 48 horas. También presentan mayor vulnerabilidad los menores de cinco años, los mayores de 65 y las embarazadas. Estar sano antes de enfermarse reduce el riesgo, aunque no lo elimina, como bien remarcan los especialistas: la gripe no negocia sus condiciones con el estado previo del cuerpo.
Qué complicaciones puede abrir la puerta
Aunque la mayoría de las personas se recupera en una a tres semanas, el esfuerzo que el organismo hace para enfrentar la infección puede dejar consecuencias. Kotekal menciona a la neumonía como la complicación potencialmente mortal más habitual, ya sea porque el virus avanza hacia los pulmones o porque, con las defensas debilitadas, se suma una infección bacteriana. A esa se le suma la sepsis, una reacción extrema del sistema inmunitario que termina dañando tejidos y órganos propios. La gripe también puede empeorar el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y causar insuficiencia respiratoria, mientras que, en pacientes con problemas cardíacos, un cuadro severo puede alterar el pulso y la presión arterial e incluso desencadenar un infarto o un accidente cerebrovascular. Frente a ese panorama, una inyección anual que cuesta un turno y media hora de espera sigue siendo, como dice el especialista, la herramienta de prevención más concreta.
Cuando el invierno vuelva a poner la pava sobre la cocina y la tos del vecino de oficina se cuele por todos lados, me voy a acordar otra vez del termómetro que mi madre buscaba con apuro, del café que se quedó frío esperando en la mesa. Las gripes vienen y van, la mayoría sin más consecuencias que un par de días en pantuflas, pero vale la pena tener a mano, bien anotados en algún papelito guardado en la billetera, esos signos que no esperan: la falta de aire, el pecho que se aprieta, los labios que se vuelven azules, la confusión repentina. Son señales que el cuerpo enciende antes de que sea tarde y que, atendidas a tiempo, cambian por completo la historia de un cuadro que empezó como algo menor.
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