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SÁB, 05 SEPT 2026
Vida

Cuando el ácido fólico no alcanza: la variante genética que casi nadie contempla y que puede estar detrás de la ansiedad, el déficit de atención y los abortos espontáneos

Aproximadamente la mitad de la población tiene una variante del gen MTHFR que impide convertir el ácido fólico en su forma útil. El trastorno no es raro ni incurable; el ajuste en la suplementación existe, es concreto y empieza por reemplazar un compuesto por otro en la etiqueta de la vitamina.

MF
Micaela FerreyraSociedad · 5 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Son las nueve de la mañana y en la cocina todavía queda el jarro del mate, todavía está tibia la pava, y todavía hay una caja de vitaminas prenatales arriba de la mesa, cerca del frutero, al lado de una banana demasiado madura que nadie se decidió a tirar. La caja dice "ácido fólico" en letras grandes, y una mujer cualquiera podría confundir esa promesa con una garantía. Yo, que vengo siguiendo estos temas hace años, ya no la confundo. Hay un dato que cambia todo: cerca del 46% de la población mundial carga una variante del gen MTHFR que vuelve esa promesa, en buena parte, una promesa vacía.

La explicación es tan concreta como larga de decir. El gen MTHFR —metilentetrahidrofolato reductasa, para decirlo entero, como si fuera un apellido compuesto— es el que fabrica la enzima que convierte el folato en 5-MTHF, que es la forma activa que el cuerpo efectivamente usa. Cuando el gen tiene una variante común, esa conversión se hace a media máquina o directamente no se hace. El ácido fólico entra, pero no se transforma. Y lo que no se transforma se acumula sin cumplir la función para la que fue pensado.

Folato y ácido fólico no son lo mismo

Conviene aclarar un punto que mezcla bastante confusión. El folato está en los alimentos: verduras de hoja verde, legumbres, hígado, citrus. El ácido fólico, en cambio, es un compuesto sintetizado en laboratorio por primera vez en 1943 y, desde 1993, obligatorio en muchos países en panes, harinas, cereales y pastas. Quienes tienen la variante MTHFR reciben ese ácido fólico añadido a diario sin poder aprovecharlo, y la suplementación convencional no arregla el problema: lo confirma.

  • El gen MTHFR permite convertir el folato en su forma activa, el 5-MTHF.
  • Cerca del 46% de la población mundial tiene una variante que limita esa conversión.
  • El ácido fólico acumulado puede no aprovecharse y favorecer síntomas como ansiedad, déficit de atención y abortos espontáneos.
  • El ajuste es directo: reemplazar ácido fólico por metilfolato (5-MTHF), la forma biodisponible.
  • Aplica también a vitaminas prenatales: en mujeres con la variante, la versión metilada es la indicada.

La palabra de Gary y lo que cambia en el frasco

“Las personas no están rotas, simplemente tienen una deficiencia.”Gary Brecka, especialista en biología humana

Esa frase de Brecca corre como un susurro entre quienes descubren la variante y empiezan a reordenar su historia clínica. Ansiedad de toda la vida, un diagnóstico de déficit de atención que llegó tarde, embarazos que no llegaron a término: causas que se habían atribuido al estrés, a la mala suerte, a un día malo. La variante genética ofrece una explicación que, lejos de clausurar el asunto, lo abre, porque trae consigo una solución concreta.

El ajuste práctico: leer la etiqueta antes de tragar

El cambio no pasa por un especialista de difícil acceso ni por una terapia nueva. Pasa por mirar la caja del suplemento y verificar que diga "metilfolato" o "5-MTHF" en lugar de "ácido fólico". En el caso de vitaminas prenatales, la indicación para mujeres en etapa gestacional con la variante es esa versión metilada, y conviene pedirle al médico de cabecera que acompañe la decisión con un estudio genético específico para no quedar a merced de la intuición.

Y mientras tanto, la vitamina D3

Hay un nutriente complementario que en estos meses vuelve a instalarse en la conversación: la vitamina D3. El rango clínico considerado normal va de 30 a 100 nanogramos por decilitro, pero 30, en la práctica, es deficiencia. La evidencia disponible asocia un menor riesgo de ciertas enfermedades, incluido el cáncer de mama en mujeres, con niveles entre 60 y 80 nanogramos por decilitro, y la recomendación mínima suele situarse en 5.000 unidades internacionales diarias, incluso con exposición solar regular. Un detalle que se omite seguido: la D3 no se toma sola, porque es una molécula de transporte de calcio y necesita vitamina K2 para decidir si ese calcio va al hueso o se deposita donde no debe.

Vuelvo a la cocina del principio, a la pava tibia y a la banana que ya nadie va a comer. Si esa mujer a la que le hablé supiera que el frasco que tiene adelante le puede estar haciendo poco o nada, y que existe una versión del mismo suplemento con otra letra en la etiqueta que sí podría incorporarse, la decisión ya estaría tomada. No hace falta prometer milagros. Hace falta leer bien, hacerse el estudio y, cuando toca, cambiar una palabra en la caja. A veces la salud se juega en eso: en una palabra chica, en una sigla que suena igual y significa otra cosa.

MF

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