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VIE, 02 OCT 2026
Vida

Chicos que tocan un instrumento: qué dice la ciencia sobre el vínculo con el aprendizaje y hasta dónde llega esa promesa

Un estudio de la Universidad Northeastern con 76 niños de 7 a 9 años volvió a poner la lupa sobre la relación entre música y rendimiento escolar. Las diferencias aparecen en memoria, lectura y matemáticas, aunque los propios investigadores aclaran que no alcanza para afirmar causalidad.

MF
Micaela FerreyraSociedad · · lectura 3 min
Chicos que tocan un instrumento: qué dice la ciencia sobre el vínculo con el aprendizaje y hasta dónde llega esa promesa

En un aula del estudio, la investigadora Psyche Loui le pide a un nene de ocho años que sostenga una melodía con el violín mientras marca el pulso con la otra mano. El chico mira la partitura, corrige la postura, vuelve a empezar. Esa escena, multiplicada por 76 chicos de entre 7 y 9 años, es la base de un trabajo reciente de la Universidad Northeastern que volvió a instalar en la agenda un interrogante que muchas familias se hacen: ¿tocar un instrumento hace mejor a un hijo en la escuela? La respuesta, como casi todo en neurociencia cognitiva, viene con letra chica y mucho asterisco, pero deja un mapa interesante para pensar.

El trabajo comparó a dos grupos de chicos equiparados por edad, sexo y nivel socioeconómico: 38 que tocaban un instrumento —sobre todo piano y cuerdas— con al menos 30 minutos semanales de práctica, y 38 sin formación musical. A todos les aplicaron una batería de pruebas cognitivas y académicas, y a 50 de ellos les hicieron resonancias magnéticas funcionales para mirar qué pasaba en el cerebro mientras escuchaban música.

Qué midieron y dónde aparecieron las diferencias

  • Memoria de trabajo: la capacidad de retener información breve mientras se hace otra tarea, como acordarse de una consigna mientras se resuelve un ejercicio.
  • Razonamiento, vocabulario y aprendizaje visual y auditivo: en todos esos ítems, el grupo que tocaba un instrumento obtuvo puntajes más altos.
  • Evaluaciones escolares: mejores resultados en comprensión lectora, ortografía, reconocimiento de palabras, escritura y matemáticas.
  • Resonancias magnéticas: diferencias en una vía cerebral que conecta regiones asociadas a audición, lenguaje y movimiento.

Para Loui, profesora de música de Northeastern, lo que se pone en juego al tocar es un entrenamiento simultáneo de varias funciones ejecutivas: planificar, sostener la atención, controlar impulsos y adaptarse a cambios. Cuando un chico lee una partitura, mantiene un ritmo y coordina ambas manos, está ejercitando, sin saberlo, ese tipo de habilidades. La investigadora y educadora musical Anita Collins lo resume en la misma línea: aprender un instrumento pone a trabajar la escucha activa, la planificación a largo plazo y la autorregulación.

Ahora bien, los propios autores del trabajo se encargan de poner un freno a la lectura fácil. Los chicos no fueron asignados al azar a aprender música: fueron las familias las que decidieron acercarlos a un instrumento. Y, como señala el equipo, las familias que eligen y sostienen esa práctica suelen ofrecer también otras experiencias educativas, libros, conversaciones, apoyo. Aunque los grupos se equipararon por nivel socioeconómico, eso no agota las variables en juego, y los autores lo aclaran: el estudio muestra asociación, no causalidad. No se puede afirmar que las clases de música hayan producido las diferencias; sí que chicos con formación musical rindieron mejor en estas pruebas.

Qué deja este estudio a las familias

El hallazgo no convierte al piano ni al violín en una garantía de mejores notas, pero sí aporta un dato valioso en un momento donde muchas familias evalúan cómo distribuir el tiempo y el presupuesto de los chicos. En la Argentina, donde el costo de un instrumento, las clases particulares y los traslados suele ser una barrera concreta —especialmente en los segmentos medios y bajos—, el equipo de Northeastern también señaló que esa variable económica puede limitar el acceso y profundizar desigualdades. Lo que la investigación sí permite es explorar con más herramientas la relación entre música y aprendizaje, y dejar planteada la pregunta que Loui repite en cada entrevista: si tocar un instrumento entrena funciones ejecutivas, ¿podría usarse como aliada en chicos con dificultades atencionales o de aprendizaje? Mientras la ciencia avanza, en aquel aula del estudio, el nene del violín vuelve a empezar la melodía desde el principio, concentrado, hasta que le sale.

MF

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