Caminar por las entrañas del Malacara: una invitación a meterse dentro de un volcán en Mendoza
En el paraje La Batra, cerca de Malargüe, un campo familiar abre las puertas de un volcán con tres cráteres y pasadizos que la erosión fue esculpiendo con el tiempo. La geóloga Corina Risso y la familia Quezada convirtieron un proyecto científico en una salida de turismo rural que hoy invita a caminar entre paredes amarillas y depósitos negros.
Me lo imagino como llegar a un campo del sur mendocino, bajarme de la camioneta y sentir que el aire viene más frío de lo que esperaba. Eso es lo que reporta quien visita el volcán Malacara, en el paraje La Batra, a unos kilómetros de Malargüe. El predio lo administra la familia Quezada, que durante años crió animales allí hasta que, de a poco, el turismo se fue mezclando con la ganadería.
La caminata propuesta atraviesa dos de las tres cárcavas que tiene el volcán y suma una subida hasta un mirador. Desde arriba, cuentan los guías, se distingue a lo lejos la laguna de Llancanelo, con su superficie blanquecina recortada contra el horizonte. Abajo, en cambio, la sensación es la de estar metido dentro de algo: las paredes se ondulan, la luz se cuela por las aberturas superiores y el aire frío circula entre las grietas como si el Malacara todavía respirara.
Por qué el Malacara tiene esos colores
Los tonos que llaman la atención durante el recorrido no están puestos por casualidad. Corina Risso, geóloga, investigadora y docente de la Universidad de Buenos Aires, sostiene que el volcán se formó por el encuentro del magma con agua, probablemente de una laguna que existió en la zona. Esa interacción fragmentó la lava, y la alteración posterior de los materiales explica buena parte de las superficies amarillas que se ven en las paredes.
“El agua fragmentó la lava y la alteración de los materiales produjo buena parte de las superficies amarillas. Cuando el agua dejó de intervenir, la erupción continuó y se acumularon materiales oscuros sobre los anteriores. Esos depósitos son frágiles y pueden desgranarse al tocarlos.”Corina Risso, geóloga e investigadora de la UBA
Sobre esa base amarilla, después, se fueron apilando capas oscuras. Mucho más tarde, la erosión del agua y del viento abrió los corredores que hoy se recorren a pie. Por eso los pasillos están expuestos: la geología los fue vaciando, y lo que uno pisa es básicamente historia volcánica al aire.
Cómo pasó de campo ganadero a destino turístico
La transformación del predio se empezó a gestar en 2000, cuando Corina llegó al lugar con la ayuda de Alberto “Beto” Quezada, de la familia dueña del campo. Dos años más tarde, la investigadora presentó sus trabajos en Malargüe, y la familia comenzó a articular con guías locales para abrir el volcán al público.
- 2000: Risso inicia las investigaciones en el campo de la familia Quezada con el apoyo de Alberto “Beto” Quezada.
- 2002: la geóloga presenta sus estudios en Malargüe y la familia empieza a trabajar con guías de la zona.
- 2006: una antigua huella petrolera se reutiliza para acceder con camioneta y, más tarde, con maquinaria para acondicionar el camino.
El cambio más concreto fue el del acceso. Las primeras salidas se hacían a caballo, por senderos del propio campo. Después, una traza petrolera en desuso permitió entrar con vehículos y, finalmente, nivelar el camino con maquinaria para que la caminata pudiera hacerse de forma más cómoda.
Vuelvo a la escena del principio, la del aire frío apenas uno se baja de la camioneta. La propuesta combina trekking liviano, observación de las formaciones rocosas y la recompensa del mirador, con la laguna de Llancanelo como fondo. Para una salida al aire libre en el sur mendocino, el Malacara ofrece algo poco habitual: la posibilidad de caminar, literalmente, por el interior de un volcán.
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