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LUN, 19 OCT 2026
Vida

Una década antes del primer dolor: las huellas invisibles que la enfermedad inflamatoria intestinal deja en la sangre

Un estudio internacional detectó anticuerpos anómalos en sueros guardados hasta diez años antes del diagnóstico de Crohn y colitis ulcerosa. La pista más fuerte apunta al virus de Epstein-Barr y abre una nueva ventana para pensar la detección temprana.

MF
Micaela FerreyraSociedad · · lectura 3 min
Una década antes del primer dolor: las huellas invisibles que la enfermedad inflamatoria intestinal deja en la sangre

Son las siete de la tarde y la cocina todavía huele a la milanesa del mediodía. La pava eléctrica empieza a silbar mientras yo reviso, en la pantalla del celular, un paper que me llegó esta mañana y que me dejó pensando varias horas. Es de esos estudios que parecen sacados de una novela de ciencia ficción: un grupo de investigadores tomó muestras de sangre guardadas durante años en freezers de biobancos, las desenterró, las puso bajo una lupa capaz de leer 357.000 fragmentos de proteínas y encontró algo que estaba ahí, silencioso, hasta una década antes de que apareciera el primer dolor abdominal. Hablo de la enfermedad inflamatoria intestinal, esa etiqueta enorme bajo la cual conviven la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, dos trastornos digestivos crónicos que suelen diagnosticarse tarde, cuando la inflamación ya lleva meses haciendo de las suyas.

Qué encontraron, y por qué importa

La investigación, que se publicó en la revista Gut y se presentó en la reunión de la Sociedad Europea Unida de Gastroenterología, trabajó con 2.000 muestras de suero belonging a 500 personas. De esas, 200 terminaron desarrollando Crohn, otras 200 fueron diagnosticadas con colitis ulcerosa y 100 permanecieron sanas y sirvieron como grupo de comparación. A todas les aplicaron una técnica de secuenciación de última generación llamada PhIP-Seq, que es capaz de rastrear, en una sola corrida, anticuerpos contra bacterias, virus, alimentos y hasta componentes del propio cuerpo. Lo que apareció fue, como mínimo, inquietante.

  • En quienes luego desarrollaron Crohn se detectó una mayor presencia de anticuerpos contra el virus de Epstein-Barr hasta diez años antes del diagnóstico.
  • También se vieron respuestas elevadas contra las flagelinas, proteínas con forma de látigo que están en ciertas bacterias intestinales.
  • Esas señales fueron más intensas en personas que después tuvieron formas complicadas de la enfermedad, con estrechamientos, o con afectación en la parte final del intestino delgado.
  • El perfil previo a la colitis ulcerosa fue distinto: anticuerpos contra distintos microorganismos y virus, sumados a autoanticuerpos, entre ellos uno dirigido contra la proteína MADD, vinculada a procesos inflamatorios celulares.
  • En ambos grupos, la variabilidad de anticuerpos empezó a crecer unos cuatro años antes del diagnóstico, lo que sugiere una reorganización del sistema inmunitario.
“Los datos no prueban que una infección cause la enfermedad, pero sí muestran que ciertos cambios inmunitarios están presentes mucho antes de la primera manifestación clínica. Eso cambia la pregunta: en lugar de esperar a que la inflamación haga ruido, tal vez podamos empezar a escuchar antes.”Resumen del estudio publicado en Gut

Lo que más me interesa, como periodista y como lectora que a veces se cruza con alguien que vive con estos padecimientos, es lo siguiente. Hoy, en un consultorio promedio de Argentina, el diagnóstico suele llegar después de meses, a veces años, de idas y vueltas, de colonoscopías, de frases como 'son los nervios' o 'comé más liviano'. Si en el futuro estos hallazgos maduran y se traducen en un análisis de sangre accesible, podríamos pasar de una medicina que reacciona al daño a una que lo anticipa. No estoy inventando promesas: los propios autores son cuidadosos y remarcan que todavía no se puede predecir quién desarrollará la enfermedad. Lo que sí queda claro, y eso es lo que vale la pena llevarme a la mesa familiar mientras sirvo el té, es que Crohn y colitis ulcerosa tienen trayectorias inmunitarias diferentes, que el virus de Epstein-Barr aparece como un sospechoso fuerte en el caso de Crohn, y que el cuerpo, cuando todavía no duele, ya viene dejando pistas en la sangre. La pava dejó de silbar hace rato. Sirvo el mate, vuelvo al paper, y me queda la sensación de que la próxima década de la gastroenterología va a escribirse mirando hacia atrás, a esos años en los que todavía no sabíamos que algo estaba empezando.

MF

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