Una comadreja enana en la leña: la postal neuquina que volvió a poner la fauna silvestre en la mesa de los vecinos
Apareció oculta en una pila de leña en Cutral Co, la evaluaron con manipulación mínima y la devolvieron a su ambiente. El episodio reavivó una pregunta concreta: qué hacer —y qué no hacer— cuando un animal silvestre se cruza en el patio de casa.
Son las primeras horas de la tarde en Cutral Co y una familia está por buscar leña para la noche, como se hace siempre en esta zona de Neuquén, donde el frío no es un comentario sino una compañía diaria. Cuando separan los primeros troncos, algo se mueve entre las ramas más finas: un bulto pequeño, grisáceo, del tamaño de un puño cerrado. Lo primero que hacen, y eso fue clave, es no tocarlo. Lo segundo, llamar a quien sabe. Esa decisión, tan simple como parece, fue lo que terminó con la comadreja enana otra vez en la estepa, libre, en perfecto estado.
Yo me quedé pensando en esa imagen de la leña moviéndose sola, porque es exactamente el tipo de encuentro que muchas familias argentinas tiveram alguna vez y no supieron bien cómo resolver. Un ratón enorme, un murciélago colgado de una cortina, una lagartija en el garaje, un pájaro que no vuela. La duda suele ser la misma: ¿lo agarro, lo saco, lo dejo? Y la respuesta, coinciden los especialistas, es casi siempre la misma: no.
El operativo en Picún Leufú y por qué la manipulación mínima cambia todo
Hasta la vivienda llegó el equipo de Guardafaunas de Picún Leufú, que se hizo cargo del operativo con un protocolo que en estas lides se repite como un mantra: manipulación mínima. Eso significa revisar al animal con la menor intervención humana posible, confirmar que está sano y devolverlo a su ambiente en el menor tiempo. En este caso, así fue: evaluación veterinaria, estado general perfecto y liberación en su hábitat. Sin jaulas improvisadas, sin fotos para redes, sin regreso a una caja de cartón en la cocina.
Porque acá viene un dato que a mí, como vecina y como cronista, me parece importante repetir hasta el cansancio: tocar a un animal silvestre, aunque sea con la mejor intención del mundo, suele ser lo peor que le podemos pasar. Le transmitimos estrés, le pasamos enfermedades que nosotros ni registramos, y, sobre todo, lo acostumbramos a nuestra presencia, que en libertad le juega en contra. Un animal que pierde el miedo al humano es un animal que pierde chances de sobrevivir.
La comadreja enana: chica, nocturna y un ratón
La protagonista involuntaria de esta historia es la comadreja enana (Thylamys pallidior), un marsupial chiquito, de estepa y de zonas áridas, muy presente en Neuquén. El cuerpo mide entre 8,5 y 12 centímetros y el peso ronda los 15 a 36 gramos: entra en la palma de una mano. Tiene pelaje gris, vientre claro y unas manchas oscuras alrededor de los ojos que le dan una cara casi de mapa. Por eso, y por el tamaño, mucha gente la confunde con un ratón común, aunque no tiene nada que ver: pertenece a la familia de las comadrejas americanas, es nocturna, discreta y rara de ver.
Su menú es bastante variado: insectos, frutitos del monte y animalitos chicos. Y tiene un detalle que a mí me resulta fascinante y un poco tierno a la vez: la cola es prensil, la usa para sujetarse, y además le sirve de reserva de grasa para pasar los períodos de frío y escasez. Es, en criollo, una sobreviviente diseñada para la Patagonia más dura.
- No manipules al animal: aunque parezca inofensivo, el contacto lo estresa y puede transmitirle enfermedades.
- No intentes retenerlo ni mucho menos criarlo como mascota: la fauna silvestre no es compañía de living.
- No lo alimentes con comida de casa: su dieta es específica y lo que para nosotros es un gesto, para ellos puede ser un problema.
- Dá aviso inmediato a la autoridad de fauna más cercana o a Guardafaunas de tu zona.
- Si podés, aislá la zona donde está y alejá mascotas y chicos hasta que llegue el equipo especializado.
“La fauna silvestre no es mascota. Protegerla es tarea de todos.”Dirección Provincial de Fauna de Neuquén
Esa frase de la Dirección Provincial de Fauna de Neuquén resume, en dos líneas, el corazón del asunto. Y me parece oportuno repetirla porque a veces uno, con la mejor onda, quiere “salvar” al bicho que se metió en el galpón y termina haciendo todo al revés. La mejor ayuda que puede dar un vecino es, justamente, hacerse a un lado y dejar que los profesionales intervengan. Nada más, y nada menos.
Vuelvo a la escena del principio, a esa pila de leña en Cutral Co donde un bulto pequeño se movió entre las ramas. La familia llamó, esperó, dejó que el equipo hiciera su trabajo y volvió a su casa con la estufa cargada y una historia para contar. La comadreja, mientras tanto, ya está otra vez en la estepa, moviéndose entre arbustos con su cola gorda lista para el próximo invierno. A veces, la mejor forma de cuidar a alguien es no tocarlo. Y eso, créanme, vale para una comadreja enana, para un pichón caído del nido y para casi cualquier animal silvestre que se cruce en nuestro patio. ¿Te pasó alguna vez encontrarte con uno? ¿Cómo lo resolviste?
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