La VTV del amor: por qué Rolón propone pasarle revista a la pareja como a un auto antes de que sea tarde
El psicoanalista y escritor planteó que la costumbre, la resignación y el miedo a quedarse solo pueden sostener vínculos que hacen sufrir. También dejó una idea inquietante: alcanzar lo deseado no siempre alcanza.
Son las nueve de la noche y en la pantalla aparece Gabriel Rolón sentado frente a Luis Novaresio, con la tranquilidad de quien sabe que va a decir algo que va a doler un poco. Lo dice igual. Propone algo tan simple como incómodo: hacer la "VTV del amor", esa revisión técnica obligatoria que todos los conductores asocian con la fila en el taller y el café de la esquina, para aplicarla a la pareja. La idea es tan concreta como parece: detener el auto de la relación, abrir el capot y mirar qué anda bien, qué hace ruido y qué lleva años postergándose.
Lo escucho y pienso en la cantidad de veces que uno sigue manejando un vínculo como si fuera un Fiat viejo al que ya le conocemos cada golpe de la chapa: le tenemos cariño, le decimos que "después lo hacemos arreglar" y mientras tanto circulamos con la luz del motor encendida, esa que aparece en el tablero y que uno aprende a ignorar como si el warning fuera un adorno y no un pedido de auxilio. Rolón lo dijo tal como lo escribo: hay gente que sufre porque no logra aceptar aspectos de la pareja que le desagradan, y hay gente que se resignó y siguió.
El miedo a quedarse solo como motor invisible
Y acá aparece el punto que más me quedó dando vueltas, el que creo que a los lectores de cuarenta para arriba les va a resonar especialmente, porque a esa edad las parejas ya llevan rutas largas, con peajes, desvíos y alguna que otra panne. Rolón ubica al miedo a la soledad entre los motivos más pesados que llevan a sostener un vínculo que en realidad hace daño. Lo dijo con una imagen que vale la pena guardar: la compañía de alguien querido da calma, pero no borra toda experiencia de soledad, y hasta un abrazo puede aliviar lo que una persona siente sin terminar de resolverlo.
A mí, personalmente, esa frase me parece de las más honestas que escuché en mucho tiempo sobre los afectos. Uno se abraza esperando que el cuerpo del otro ocupe el lugar de la pregunta que lo desvela, y sin embargo esa pregunta sigue ahí, del otro lado del abrazo, esperando.
Conseguir lo que se quiere no alcanza: la teoría del deseo
Rolón también dejó una idea que a esta altura de la nota ya se entiende por qué vino: "El deseo te incomoda porque te señala la falta. Se desea lo que no se tiene", lanzó en la charla con Novaresio. Y para que no quede en una frase bonita de psicoanalista, la desplegó con ejemplos bien terrenales: conseguir el trabajo que uno quería, alcanzar un éxito, leer un libro, tener un hijo. Para él, ninguna de esas búsquedas termina de cerrar el círculo. Siempre queda un resto, una sensación de vacío que no se va del todo.
Lo conectó con la conciencia de que la vida y los afectos no son permanentes, y presentó esa convivencia con los límites como parte de la experiencia humana. Es decir: no hay que pedirle a la pareja ni al deseo que hagan un trabajo que no les corresponde, que es tapar lo que estructuralmente nos falta.
- Pasarle revista a la pareja como se le pasa a un auto: mirar qué hace ruido y qué hace años que viene arrastrándose.
- Aceptar que la costumbre y la resignación pueden sostener vínculos que generan sufrimiento sin que uno se dé cuenta.
- Reconocer que el miedo a la soledad es uno de los motores invisibles más fuertes para quedarse en una relación que ya no da.
- Entender que un abrazo alivia pero no siempre resuelve, y que la compañía no borra por completo la experiencia de estar solo.
- Asumir que el deseo funciona como un marcador de lo que nos falta, y que eso no se apaga aunque consigamos lo que queríamos.
- Revisar cuánto de lo que hacemos en la pareja responde a lo que queremos y cuánto a lo que tememos perder.
Vuelvo a la imagen del principio, a esa pantalla donde Rolón propone la VTV del amor, y me queda dando vueltas una pregunta que él dejó flotando y que cada uno se lleva puesta a su casa: cuánto de la relación que uno tiene hoy responde a lo que sus dos integrantes quieren de verdad y cuánto a la costumbre, a la resignación o al temor de quedarse solo. Es la pregunta que no sale en la revisión técnica del auto, pero que en la pareja termina siendo la única que vale la pena hacerse antes de seguir ruta. Firmo esta nota como quien firma el comprobante de un service pendiente: sabiendo que todavía falta volver a mirarlo.
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