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SÁB, 26 SEPT 2026
Vida

El peso de estar solo: cómo la soledad y el aislamiento se traducen en años de vida sin enfermedades

Un estudio sobre más de 277.000 personas en el Reino Unido mostró que las mujeres con ambas condiciones perdieron hasta 2,4 años libres de enfermedades físicas, y los hombres, hasta 5,8 años sin problemas de salud mental. Los hábitos saludables atenuaron el impacto del aislamiento, pero no el de sentirse solo.

MF
Micaela FerreyraSociedad · 26 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Son las siete de la tarde y en muchas casas de Buenos Aires empieza ese momento en que el living queda en silencio. Alguien revisa el celular, alguien mira la televisión sin verla, alguien simplemente se sienta a esperar que pase el rato. Esa imagen, que parece menor, es la que un equipo de la Universidad de Tulane tomó como punto de partida para una investigación que acaba de poner números concretos al vínculo entre la soledad, el aislamiento social y los años de vida saludable que una persona puede esperar. Lo que encontraron es que la falta de compañía no sólo duele: también acorta el tiempo que se vive sin enfermedades crónicas.

Para llegar a esa conclusión, los investigadores siguieron durante años a más de 277.000 participantes del Biobanco del Reino Unido, todos ellos adultos de entre 40 y 69 años que, al momento de ingresar al estudio, no padecían ninguna de las siete condiciones evaluadas: diabetes, enfermedades cardíacas, problemas pulmonares, demencia, cáncer, depresión ni ansiedad. A partir de los 50 años como referencia, calcularon cuántos años de vida podían esperar esas personas libres de esas dolencias y cruzaron ese dato con su situación social y emocional.

Dos situaciones distintas que se parecen

Aquí aparece una distinción clave que el propio Lu Qi, investigador principal del trabajo, se encargó de remarcar. No es lo mismo estar aislado que sentirse solo. El aislamiento social se mide en cantidad: tener pocas relaciones, interactuar poco con los demás. La soledad, en cambio, es un sentimiento, una percepción subjetiva de que falta una conexión significativa, tal como la define el Consejo Nacional de Envejecimiento de Estados Unidos. Una persona puede vivir con pocos vínculos y no experimentar soledad, si esos lazos le alcanzan. Y al revés: alguien rodeado de gente puede sentirse profundamente solo.

“Los hallazgos abarcan tanto la salud física como la mental, y muestran que los efectos no son iguales para mujeres y para hombres.”Lu Qi, investigador principal del estudio
  • Mujeres con soledad y aislamiento social: 2,4 años menos de vida libre de enfermedades físicas; 3,7 años menos sin problemas de salud mental.
  • Hombres con soledad y aislamiento social: 1,7 año menos de vida sin enfermedades físicas; 5,8 años menos sin trastornos mentales.
  • En todos los casos, los hábitos saludables (alimentación, actividad física, sueño reparador y no fumar) atenuaron la pérdida de años asociada al aislamiento, pero no modificaron de manera significativa los riesgos ligados a la soledad.

Lo que los hábitos pueden y lo que no

Este punto es el que más llama la atención del equipo. Sostener una dieta razonable, moverse con regularidad, dormir bien y no fumar funcionó como un escudo parcial frente al aislamiento social: recortó parte de la diferencia en años de vida saludable que mostraban las personas con menos contactos. Sin embargo, frente a la soledad —esa sensación más íntima y subjetiva— esos mismos hábitos no lograron reducir el riesgo de manera significativa. La conclusión que dejan los autores es que ni siquiera un estilo de vida impecable alcanza para compensar lo que la falta de conexión emocional parece hacerle al cuerpo y a la cabeza.

Vuelvo a esa escena del principio, al living que se queda en silencio cuando cae la tarde. Lo que esta investigación viene a decir, sin dramatismos pero con datos firmes, es que esos ratos importan. Importan si se vuelven rutina, si se cronifican en semanas o en meses, si en ellos no hay nadie a quien llamar o nadie con quien reírse un rato. La salud, parece, no se construye sólo con lo que se come o con lo que se camina: se construye también con los vínculos, y con la sensación —mucho más íntima— de que alguien nos está esperando del otro lado.

MF

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