El nene de Jerry Maguire se animó a lo que nadie esperaba: así se vuelve a ver en pantalla Jonathan Lipnicki
A sus 35 años, el actor que emocionó con Stuart Little y Tom Cruise vuelve al cine con un papel incómodamente adulto en Primetime, el thriller de Lance Oppenheim que se presentó en Venecia y lo muestra desnudo interpretando a un hombre detenido en uno de los operativos del periodista Chris Hansen, ahora encarnado por Robert Pattinson.
La sala del Festival de Venecia todavía guarda ese murmullo raro que deja una ovación de siete minutos, esa clase de silencio espeso que se rompe de golpe con un aplauso que nadie quiere ser el primero en dejar de dar. Acomodado en alguna butaca, mirando la pantalla con los ojos un poco húmedos, me imagino a Jonathan Lipnicki viendo proyectada por primera vez esa escena que durante meses lo tuvo en carne viva: un plano fijo, su cuerpo desnudo, y la certeza de que estaba cruzando un umbral del que no hay vuelta atrás. A sus 35 años, el mismo pibe que en 1996 nos hizo llorar con Tom Cruise en Jerry Maguire y que después conquistó las jugueterías con Stuart Little, acaba de reaparecer en la pantalla grande de la manera más inesperada, incómodo, adulto y deliberada que uno pudiera imaginar. La película se llama Primetime, es un thriller psicológico dirigido por Lance Oppenheim en su debut en el cine de ficción, y tuvo su estreno mundial a comienzos de septiembre en la Mostra italiana, con Robert Pattinson como el periodista Chris Hansen y Lipnicki como uno de los hombres que caen en uno de esos operativos televisivos.
Un papel que lo cambió todo
Primetime se mete de lleno en un tema que a esta altura del siglo XXI ya no admite respuestas simples: los límites del periodismo televisivo cuando la cámara se cruza con la policía y con adultos que, haciéndose pasar por menores, esperan en una casa a hombres que llegan buscando sexo con chicos. Oppenheim, que venía del documental, se zambulló por primera vez en la ficción y eligió un punto de partida bien delicado para armar su película. Y la verdadera sorpresa, lo confieso, fue ver aparecer a Lipnicki en ese reparto, tan lejos del Ray Boyd adorable que le valió un Critics’ Choice Award y un Young Artist Award, y tan lejos también del ratoncito blanco que en 1999 le hizo embolsar a la película cerca de 300 millones de dólares en todo el mundo.
En medio de la vorágine de Venecia, el actor habló con la prensa y dejó una frase que a mí, personalmente, me dio ternura: "Había rezado por un material oscuro", dijo sobre el tipo de propuesta que llevaba años esperando. Es que la carrera adulta de Lipnicki fue, hasta acá, bastante esquiva: Primetime es apenas la segunda película en la que participa como protagonista que llega a los cines desde que dejó de ser el niño prodigio de Hollywood. Y todavía hay algo que le da un peso extra al asunto, algo que cualquier compañero de redacción que haya leído las entrevistas lo charlaría en voz baja: en Primetime hay una escena de desnudo frontal del actor, una decisión que no le resultó para nada fácil. Lipnicki contó que ya había hecho un desnudo en la obra teatral Lost Girls, pero que el contexto de este personaje lo intimidó muchísimo más. La diferencia, claro, no es el cuerpo: es lo que el cuerpo está contando.
- La película se llama Primetime, es un thriller psicológico y se presentó a comienzos de septiembre en el Festival Internacional de Cine de Venecia, donde recibió una ovación de siete minutos.
- Robert Pattinson interpreta al periodista Chris Hansen, famoso por confrontar ante cámaras a hombres que buscaban encuentros sexuales con menores contactados por internet.
- Jonathan Lipnicki, de 35 años, encarna a uno de esos hombres, sorprendido por el conductor cuando intenta concretar la cita.
- Es el debut en el largometraje de ficción de Lance Oppenheim, cuya carrera se había concentrado en documentales.
- Lipnicki arrancó su carrera en 1996 con Jerry Maguire, junto a Tom Cruise y Renée Zellweger, y en 1999 protagonizó Stuart Little, que recaudó cerca de 300 millones de dólares en todo el mundo.
- "Había rezado por un material oscuro", dijo el actor al referirse al tipo de papeles que esperaba recibir.
Lo que más me gusta de esta historia, y se los digo con toda la honestidad de la que soy capaz, es que no se trata de un escándalo barato ni de un giro de marketing. Hay algo profundamente humano en ver a alguien que creció bajo los reflectores más amables del mundo, el de un niño al que todo el mundo quería, decidir plantarse delante de la cámara en su estado más vulnerable para encarnar a un tipo del que nadie, ni siquiera él, esperaba tener que defenderse. A mí, que vi Stuart Little con mis sobrinos y guardé un cariño inexplicable por ese pibe de cara redonda, me cuesta imaginar la película. Pero precisamente por eso, porque no se puede imaginar, vale la pena mirarla.
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