El Concentrador de Neuquén abre dos sábados y suma chivito del norte y trucha ahumada
El predio recibe el 3 y el 10 de octubre, de 9 a 13, con una venta especial de CORDECC el viernes 2 y el sábado 3. Cómo es la modalidad mayorista y qué precios se manejan.
Son las nueve de la mañana de un sábado y la fila de vehículos empieza a dibujarse en el ingreso del Mercado Concentrador del Neuquén. Un matrimonio deja el auto en la playa y acomoda una conservadora plegable en el baúl, como quien se prepara para una jornada larga. A esta hora, los puesteros ya acomodan cajas de manzanas, bolsas de papa y bandejas con cortes de carne, mientras un olor tenue a leña —mezclado con el de la fruta madura— se mete por la ventanilla. La escena se repetirá el 3 y el 10 de octubre, entre las 9 y las 13, con entrada libre para particulares y comerciantes.
La particularidad de esta primera apertura de octubre es que, además de la oferta habitual, se montó una venta especial de chivito del norte neuquino y trucha patagónica, organizada junto a la Corporación para el Desarrollo de la Cuenca del Curí Leuvú (CORDECC). La movida está prevista para el viernes 2, de 12.30 a 17.30, y el sábado 3, en el mismo horario que el resto de los puestos. Quienes solo quieran comprar frutas, verduras, carnes o artículos de almacén tienen reservado el sábado 10 como segunda fecha.
Cómo funciona la compra mayorista
Antes de ir conviene entender la lógica del predio. La modalidad es mayorista, así que en la mayoría de los puestos los precios mejoran cuando se llevan bolsones o varias unidades. Ahora bien, como me explicó una puestera mientras acomodaba mandarinas en una bandeja, «si alguien viene por dos kilos de naranja, también se lo vendemos; es otra forma de pagar, nada más». Por eso el propio Mercado suele sugerir una salida clásica entre vecinos o familias: juntar los pedidos, comprar al por mayor y repartir después en la mesa, o directamente en la cocina de cada uno, con la bolsa apoyada sobre la mesada mientras se charla de a quién le toca qué.
El personal de cada stand atiende consultas y orienta sobre los cortes, los tiempos de conservación y la mejor forma de trasladar la mercadería. En muchos casos, además, ofrecen ayuda para cargar las bolsas hasta el vehículo, algo no menor si uno va con cajas de pollo, leña o varios kilos de fruta. Los medios de pago disponibles varían según el puesto: efectivo, transferencia y, en varios casos, débito o crédito, por lo que conviene llevar algo de respaldo para no quedarse con las manos llenas y la billetera vacía.
La propuesta de CORDECC: chivito entero, cortes y escabeches
- Chivito criollo entero, congelado: $160.000 la unidad.
- Cortes de chivito envasados al vacío (cuarto delantero, cuarto trasero y costillar): $20.500 por kilo.
- Escabeches artesanales de chivo y de ajo, elaborados en la Planta de Alimentos El Alamito: $20.000 el frasco.
- Filet de trucha fresco, congelado y al vacío: $36.000 el kilo.
- Filet de trucha ahumada, congelado y al vacío: precio a confirmar en el puesto.
Los chivitos provienen del norte neuquino, de la zona que la CORDECC viene acompañando hace años con distintos proyectos productivos, y llegan enteros, congelados, para quien quiera hacerse un asado largo o un guato de esos de domingo. Los cortes, en cambio, vienen ya separados y envasados al vacío, lo que simplifica la compra para hogares más chicos. Los escabeches, por su parte, llegan en frascos listos para guardar en la alacena y, según me contaron en la organización, son un clásico de los stands porque «se llevan mucho para regalo, sobre todo para los que viven afuera».
La trucha, en tanto, es de origen patagónico y se ofrece en dos versiones: fresca, filetada y lista para cocinar al horno o a la parrilla, y ahumada, para comer en sándwiches, ensaladas o tablas. Las dos presentaciones vienen congeladas y al vacío, un detalle importante para quienes tienen que hacer varios kilómetros de regreso y quieren que la cadena de frío no se corte en el trayecto.
La oferta habitual y una pregunta para llevar a casa
El resto del recorrido por el Concentrador se completa con lo que uno espera encontrar en un paseo de este tipo: frutas y verduras de estación, carnes vacunas y de cerdo, pollo, pastas frescas, lácteos, fiambres y artículos de almacén. Está la opción de ir mirando puesto por puesto, comparando precios y preguntando, hasta armar la lista final. Entre los habituales, un cliente que cargaba dos bolsas de naranja me decía mientras acomodaba la conservadora en el asiento trasero: «Vine solo esta vez, pero la próxima aviso a los pibes y compramos todos juntos, así conviene». La frase me parece una buena síntesis de lo que ofrece el predio: la posibilidad de armar una compra compartida, en serio, sin gastar de más.
Antes de cerrar, vale volver a la escena del principio. A la una de la tarde el sol ya pega fuerte sobre el playón del Concentrador y las familias cargan los últimos bolsones. La conservadora plegable del matrimonio, que a las nueve esperaba vacía en el baúl, ahora va llena de trucha ahumada, escabeche de chivo y unas cuantas bolsas de manzana. Para quienes quieran repetir la experiencia, el sábado 10 será la segunda ventana, con el mismo horario y la misma dinámica. Lo único que cambia, cada vez, es lo que uno decide llevar a la mesa.
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