La Estrella Noticias
 Buscar
Dólar oficial $1.535,00 0,00%Dólar blue $1.550,00 0,00%Dólar MEP $1.536,20 -0,25%Riesgo país 524 pb +1,75%
LUN, 21 SEPT 2026
Entretenimiento

Cuatro temporadas en el más allá para preguntarse cómo se vive (bien)

La comedia de Michael Schur que llegó a su final vuelve a poner sobre la mesa los grandes dilemas morales, esta vez con la ligereza del humor absurdo.

LP
Lucía PereyraCultura y espectáculos · 21 DE SEPT DE 2026 · lectura 2 min

Me acuerdo de la primera vez que escuché la risa de Ted Danson resonando en una sala que parecía un barrio residencial de los suburbios norteamericanos, con casas prolijas y vecinos amables, y la sensación de que algo no cerraba del todo. Esa incomodidad fue la puerta de entrada a The Good Place, la comedia que Michael Schur pensó como una sitcom sobre el más allá y terminóconvertiéndose en una de las propuestas más originales de la televisión reciente, con cuatro temporadas y 53 episodios que ya tienen su lugar en la conversación cultural.

Una premisa imposible que se vuelve real

Eleanor Shellstrop muere y despierta en un lugar reservado para las buenas personas. El problema es que ella sabe que no fue una de ellas. A partir de esa contradicción, la serie arma un mecanismo de relojería donde cada capítulo es una excusa para hablar de ética, pero también para reírse hasta que duela el estómago. Schur, que ya había demostrado su pulso para el humor filosófico en Brooklyn Nine-Nine y Parks and Recreation, vuelve a confiar en el elenco como motor de la historia: Ted Danson como Michael, el arquitecto de ese paraíso con fallas; William Jackson Harper como Chidi, el profesor de filosofía que no puede dejar de pensar en cada decisión; Jameela Jamil como Tahani, la perfección aparente que esconde grietas profundas; y Manny Jacinto como Jason, un personaje que demuestra que se puede atravesar un debate sobre Kant sin entender una sola palabra.

Filosofía, chistes y criaturas imposibles

  • El utilitarismo, el consecuencialismo y la ética deontológica aparecen como herramientas de discusión, no como materia de examen.
  • Las referencias a Kant conviven con tortugas gigantes, językos lógicos y vecinos que se derriten cuando se enojan.
  • Las decisiones de los personajes funcionan como pequeños laboratorios morales: cada elección deja una huella, y la serie lo muestra sin dar respuestas fáciles.
  • El recorrido de las cuatro temporadas incorpora giros que reconfiguran lo que el espectador creía entender sobre el vecindario y sobre el destino de Eleanor.

Lo que más me gusta de The Good Place, y se lo digo con la honestidad de alguien que vio las cuatro temporadas en findes de lluvia, es que nunca se conforma con ser un manual de filosofía disfrazado de comedia. Hay espacio para la pérdida, para el paso del tiempo, para la importancia de quienes nos acompañan, y sobre todo para la idea de que cambiar es posible aunque llevemos encima una vida entera de errores. La serie encuentra su tono justo cuando deja que el humor absurdo sea el vehículo de preguntas que, en otro registro, parecen solemnes. En un momento donde la televisión suele abrazar la complejidad sin descanso, Schur y su elenco demuestran que se puede pensar en serio sin dejar de hacer reír, y que el más allá puede ser, paradojalmente, el mejor lugar para pensar este mundo. ¿Qué dilema de la serie te gustaría debatir?

LP
Lucía PereyraCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo