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SÁB, 26 SEPT 2026
Vida

Cuando la palabra se escapa: por qué ocurre y cuándo conviene prestarle atención

La neuropsicóloga Camila Sánchez Salinas describe los mecanismos detrás del fenómeno conocido como punta de la lengua, los recursos que ayudan a recuperar el término justo y las señales que diferencian una pausa ocasional de una dificultad que merece consulta profesional.

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Micaela FerreyraSociedad · 26 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Son las nueve de la noche y estoy sirviendo el mate en la cocina cuando una amiga me cuenta por WhatsApp que se quedó trabada en la mesa del domingo: tenía el nombre de un cantante en la punta de la lengua, lo buscaba mientras revolvía el azúcar en el termo, lo buscó después mientras acomodaba las galletitas en el plato y, de pronto, cuando ya estaba guardando la yerba, ahí apareció. Esa incomodidad tan común, esa sensación de tener el concepto claro pero el sonido lejos, tiene nombre y explicación, y hablarlo con alguien que lo estudia ayuda a entender por qué nos pasa y, sobre todo, cuándo conviene dejar de tomarlo como una simple distracción.

Cómo funciona el atajo mental para recuperar una palabra

Cuando queremos decir algo, primero se activa el significado y después los sonidos que permiten pronunciarlo, según describió Camila Sánchez Salinas, licenciada en Psicología y especialista en Neuropsicología Clínica. En el fenómeno conocido como punta de la lengua, ese segundo paso puede demorarse o interrumpirse un instante, aunque el término no se haya perdido del todo. La licenciada apuntó que la experiencia puede ocurrir a cualquier edad, sobre todo con cansancio, distracción o presión, y que con los años tiende a repetirse, lo cual no significa que la palabra se haya borrado: a veces reaparece minutos más tarde, cuando dejamos de buscarla con tanta insistencia.

Recursos prácticos para destrabar la búsqueda

  • Buscar un sinónimo o describir aquello que se quiere nombrar para sostener la charla mientras el término vuelve.
  • Pensar en la letra inicial del vocablo, en su utilidad o en sus características como pistas para recuperarlo.
  • Conversar sobre temas que nos interesan y contar información con nuestras propias palabras, porque ese ejercicio obliga a recuperar conocimientos, ordenar ideas y sostener la atención en el intercambio.
  • Bajar las distracciones del entorno para concentrarse mejor y no perder el hilo de lo que se está diciendo.

Estas pequeñas estrategias funcionan como caminos alternativos: si la ruta directa hacia la palabra está momentáneamente bloqueada, se puede rodear por el significado, por la fonética o por el contexto hasta reencontrarla. La fluidez verbal se entrena, recuerdan desde la neuropsicología, y los ejercicios cotidianos son tan importantes como cualquier lectura en silencio junto a la ventana.

La diferencia entre una pausa aislada y una señal de alerta

El criterio clave está en la repetición y en el impacto, aclaró Sánchez Salinas. Conviene consultar cuando encontrar la palabra justa se vuelve un problema frecuente, cuando aparecen confusiones al nombrar objetos de uso cotidiano o cuando cuesta seguir el hilo de una conversación. También merecen atención los cambios notorios en el habla que la propia persona nota, o que los seres queridos le comentan con preocupación. Una evaluación clínica y neuropsicológica puede ayudar a encuadrar esos síntomas, orientar el diagnóstico y, sobre todo, descartar o confirmar cuadros que requieren abordaje.

Lo importante, coincidimos, es no asustarse por una palabra que se escapa en una sobremesa ni tampoco desatender un patrón que se vuelve persistente: distinguir entre lo ocasional y lo instalado es, justamente, lo que permite cuidar el lenguaje sin vivir pendiente de cada olvido. Y yo vuelvo a mi cocina, con el mate ya servido, entendiendo que si mañana me toca a mí buscar un nombre que no llega, no tengo más que respirar, probar con un sinónimo y, si la cosa se repite, consultar. Mientras tanto, la palabra perdida seguramente aparecerá cuando deje de apretar el termo.

MF

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