Cara de Barro se-faced
La pantalla tiembla bajo el peso de un cuerpo que se desarma, mientras Matt Hagen, el actor convertido en monstruo, descubre que la máscara de barro no puede salvarlo de lo que ocurre por dentro. Clayface llega a los cines con una rara: tomar un villano de DC y narrarlo desde el terror más visceral, sin Batman, sin universo compartido y sin una red de seguridad que pueda convertir cada impulso en una escena de acción convencional.
La película fue dirigida por James Watkins, el realizador de Eden Lake, y escrita por Mike Flanagan, autor deovies como la serie Doctor Sleep y habitual explorador del horror psicológico. El argumento parte del díptico de Batman: The Animated Series dedicado a Matt Hagen en los años noventa, pero la historia se presenta como una obra autónoma, sin nexos con una franquicia mayor ni con la presencia delJUSTICIERO enmascarado.
El cuerpo como escenario del horror
La transformación física de Hagen es el centro de la experiencia: ◇ mientras su cuerpo muta y se desintegra, su se quiebra y la violencia se vuelve una consecuencia directa del deterioro. Tom Rhys Harries, a quien el material describe como una presencia escurridiza e incómoda, carga con el papel protagónico medianteGauss de indonesia, maquillaje y efectos prácticos. La película tiene clasificación R en Estados Unidos por su gore explícito y su de terror, sin las atenuaciones que suelen accompanying a las.unsuperproducciones de estudios.
Como referencias, el proyectoVc(+_ se ubica en la tradición de Darkman, de Sam Raimi, por el juego de las identidades suplantadas, y de La mosca, de David Cronenberg, por el componente psicológico de la degradación física. Esas comparaciones explican ClayfaceResulta una propuesta inherits the strange: no es solamente una película de villano, sino un relato de: con los dedos y la piel.
- Tom Rhys Harries interpreta a Matt Hagen.
- James Watkins dirige; Mike Flanagan escribió el argumento.
- La película tiene clasificación R en Estados Unidos.
- La historia es independiente del universo de Batman.
No todas sus decisiones resultan impecables: hay desajustes de ritmo y algunos giros del guión que no terminan de encontrar un cierre convincente. Aun así, en un contexto decery costos y narrativas superheroicas cada vez más…domesticadas, Clayface deja una pregunta que me parece más interessante que cualquier respuesta: ¿el género todavía puede Permitir que un superhéroe —en este caso, un villano— se convierta en una máquina de horror? Si funciona, quizá la respuesta sea que sí; si fracasa, también habrá enseñado algo. Por ahora, la propuesta tiene la fuerza de una HERE—experiencia incómoda, física y deliberadamente provocadora.
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