Cansancio, insomnio y dolor de cabeza matutino: cuando la apnea del sueño en las mujeres se disfraza de otra cosa
El agotamiento diurno, las molestias para dormir y los cambios de humor pueden estar tapando un trastorno respiratorio que, en mujeres, suele pasar inadvertido durante años. Cuáles son las señales que conviene conversar con un profesional y por qué las pruebas rápidas no siempre alcanzan.
Son las siete de la mañana y Laura, 52 años, se sienta en la punta de la cama con la misma sensación de siempre: el cuerpo pesado, una presión sorda detrás de los ojos que le recorre la frente y la certeza de que la noche, otra vez, fue un fracaso. Apaga el despertador, mira el vaso de agua que dejó en la mesita de luz —todavía medio lleno, señal de que se despertó varias veces— y se pregunta cómo va a sostener la jornada. Hace años que vive así. Le dijeron que era estrés, después menopausia, más tarde insomnio. Nunca, nadie, le preguntó si roncaba.
La escena de Laura se repite en miles de casas argentinas y resume, casi sin querer, uno de los problemas más subestimados de la salud femenina: la apnea obstructiva del sueño, un trastorno que interrumpe la respiración de manera repetida durante la noche y que, en las mujeres, suele presentarse con un ropaje distinto al de los varones. No siempre hay ronquidos fuertes ni pausas respiratorias evidentes; lo que aparece, en cambio, es un combo de cansancio diurno, dolor de cabeza matinal, dificultad para iniciar o sostener el sueño y cambios de ánimo que, fácilmente, se confunden con otras cosas.
Un problema más frecuente de lo que se diagnostica
Según una revisión sobre el trastorno, hasta el 75% de las mujeres afectadas podría estar sin diagnóstico. El mismo trabajo advierte que hasta un 40% no presenta las manifestaciones más reconocidas, entre ellas los ronquidos intensos y el ahogo nocturno. Es decir: muchas mujeres conviven con apnea sin saberlo, porque su cuerpo la expresa de otra manera.
Para Mariana, 47, la pista llegó casi de casualidad. "Empecé a tener picos de hipertensión y el cardiólogo me preguntó cómo dormía. Le dije que me costaba arrancar el sueño y que me levantaba cansada, como si no hubiera descansado. Me hizo llenar un cuestionario y después me pidió un estudio nocturno en un centro de sueño. Ahí se vio que tenía apneas, sobre todo en la fase REM", cuenta. Ese detalle no es menor: las alteraciones que se concentran en esa etapa del descanso pueden pasar sin registrar en algunos dispositivos domiciliarios.
Por qué los estudios rápidos pueden no alcanzar
- Los cuestionarios que usan edad, peso, presión arterial y contorno del cuello son útiles para estimar riesgo, pero tienden a identificar menos casos en mujeres.
- Algunas pruebas hechas en el hogar pueden registrar de manera incompleta ciertas alteraciones respiratorias, sobre todo las que se concentran en la fase REM del sueño.
- Un resultado inicial sin alteraciones no siempre descarta el trastorno: si los síntomas continúan, el médico puede indicar un estudio nocturno en un centro especializado.
- En el laboratorio de sueño se monitorean la respiración, la actividad cardíaca, los movimientos corporales y las distintas fases del descanso, lo que permite una lectura mucho más precisa.
Lo que ocurre durante la noche es bastante concreto: la garganta reduce o bloquea de manera repetida el paso del aire, el oxígeno baja y el organismo responde con despertares breves que, muchas veces, no se recuerdan. Por la mañana, lo que queda es el cansancio, la cefalea y, en algunos casos, la sensación de no haber dormido. Con el tiempo, el trastorno se asocia con hipertensión, diabetes y enfermedades cardíacas, motivos de sobra para no dejarlo pasar.
Embarazo y menopausia: dos ventanas de riesgo
Hay dos momentos en la vida de las mujeres en los que la apnea puede aparecer o agravarse: el embarazo y la menopausia. Durante la gestación, el cuadro debe abordarse de manera coordinada entre el equipo obstétrico y un especialista en sueño. Si hay una cirugía programada, corresponde informar al equipo médico. En la menopausia, los cambios hormonales y la redistribución del peso favorecen el colapso de la vía aérea, lo que vuelve aún más importante estar atentas a las señales.
Volvamos a la mesita de luz de Laura. Esta vez, junto al vaso de agua, deja una carpeta con los estudios que le pidió su médica clínica, que por primera vez la escuchó de corrido y le preguntó, también por primera vez, si se levantaba con dolor de cabeza. La escena cambia cuando alguien pregunta. Cambia cuando una mujer deja de pensar que su cansancio es un defecto de carácter y empieza a tratarlo como lo que puede ser: un mensaje del cuerpo que pide una revisión profesional.
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