Aquella arena de 1999 que volvió a la vida: a 26 años de La momia, la aventura que rescató a un monstruo clásico y encendió una saga
Brendan Fraser y Rachel Weisz se cruzaron en Hamunaptra bajo la dirección de Stephen Sommers y dieron arranque a una trilogía que mezcló exploración, terror y romance con sello propio.
Lo primero que recuerdo de La momia es ese golpe seco de arena cayendo desde lo alto de una escalera de piedra, como si la propia pantalla te sacudiera el polvo de los ojos antes de empezar a contarte nada. Esa imagen, la de unas ruinas egipcias tragándose a un grupo de expedicionarios que apenas saben dónde se metieron, fue la puerta de entrada a una película que en 1999 juntó a Brendan Fraser y Rachel Weisz bajo la dirección de Stephen Sommers, y que todavía se sigue mirando con la misma sonrisa cómplice con la que uno revive un viaje largo de la adolescencia.
Fraser se puso en la piel del aventurero Rick O'Connell, un tipo simpático, de corazonada fácil y pistolera al hombro, mientras que Weisz se transformó en Evelyn Carnahan, una egiptóloga despistada, de bibliotecas y anteojos, que sueña con hallazgos que nadie más imagina. Los dos terminan llegando a Hamunaptra, la ciudad de los muertos, con la expectativa de encontrar vestigios desconocidos, y sin querer abren la tumba de Imhotep, un sacerdote maldito que carga con una condena antiquísima. Su regreso, ya como momia viviente, es lo que convierte una expedición académica en una carrera por sobrevivir.
Un monstruo clásico con ropa nueva
Lo interesante de La momia, y por eso sigue funcionando, es cómo Sommers recuperó al monstruo clásico de Universal y lo metió dentro de una película pensada como aventura pura. El terror está, claro, porque hay cuerpos que se desintegran, ojos que se regeneran, sombras que avanzan por las paredes, pero convive con escenas de acción a todo trapo y con un romance de los de antes, de esos en los que los protagonistas se pelean, se insultan y se besan casi sin querer. Imhotep es el motor que empuja todo: mientras él avanza, la historia no te deja respirar.
- La momia (1999), dirigida por Stephen Sommers, con Brendan Fraser y Rachel Weisz.
- El regreso de la momia (2001), la segunda entrega, ya con el romance de Rick y Evelyn más afirmado.
- La momia: La tumba del emperador Dragón (2008), tercer capítulo de la trilogía, con cambio de elenco y de escenario hacia China.
La huella de Indiana Jones se nota, y mucho, en la mezcla de exploración, riesgo físico y química entre los protagonistas, pero Sommers le dio a la pareja central un perfil propio: un hombre de acción de pulgar algo torpe y una especialista en el antiguo Egipto más inteligente que todos los hombres que la rodean. Sus conocimientos y sus corazonadas confluyen justo en el hallazgo que desata el conflicto, y ahí está la gracia, porque la película te hace entender que sin ninguno de los dos la historia no se sostiene.
A 26 años de su estreno, vuelvo a La momia y me pasa lo mismo que la primera vez: me dejo llevar por esa tonada de aventura con arena en la boca, me río con los desencuentros de Rick y Evelyn y me asusto de nuevo cuando la sombra de Imhotep cruza una pared. Es, para mí, una de esas películas de cabecera que justifican la sobremesa de un domingo y la rewatch eterno. Si te gusta el género, esta es de las que vuelven a casa con vos.
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