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DOM, 27 SEPT 2026
Turismo

A menos de una hora de la Panamericana: dos escapadas para probar vinos en Campana

Finca Gamboa y Estancia Vigil abren la puerta del enoturismo bonaerense con propuestas que combinan recorridos por la bodega, almuerzos entre vides y paisajes cerca del río Paraná.

JM
Julieta MoralesTurismo · 27 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Te imagino por la Ruta 9, saliendo de la Ciudad de Buenos Aires con la idea de arrancar el fin de semana distinto. A la altura del kilómetro 65 de la Panamericana, en Campana, hay dos paradas que vale la pena conocer si te tienta el mundo del vino sin tener que manejar hasta Mendoza. Las dos son distintas, pero las dos te dejan con el paladar contento y la foto perfecta: Finca Gamboa y Estancia Vigil.

Finca Gamboa: una bodega que se recorre paso a paso

Si lo que te interesa es entender cómo se hace el vino de la uva a la copa, esta bodega te abre todas las puertas. El lugar lo fundó Eduardo Tuite y trabaja con uvas propias, aunque también suma partidas de otras procedencias para sus cortes. La visita arranca por la bodega, que tiene un sistema de elaboración por gravedad y capacidad para más de 25.000 litros, y termina en la cava subterránea, donde la temperatura baja y el silencio ayuda a prestar atención.

Después del recorrido, lo natural es sentarse a comer en Casa Gamboa. El restaurante ofrece el Menú Terruño, una secuencia de pasos maridada con vinos de la casa. Para quienes prefieran algo más informal, están las caminatas por las vides y los picnics al aire libre, con la glorieta entre las plantaciones como punto de encuentro. Si vas en grupo, también se organizan degustaciones con guía y, según la época, podés sumarte a la vendimia o a la recolección nocturna de uvas, dos experiencias de temporada que siempre quedan en el recuerdo.

El entorno es parte del plan: el terreno tiene desniveles suaves, hay álamos plantados en fila, lagunas y vegetación nativa, y queda a tiro de la Reserva Natural Otamendi y del Parque Nacional Ciervo de los Pantanos. La referencia de precio para la visita combinada con degustación ronda los 10.000 a 15.000 pesos por persona, aunque conviene chequear en la web del lugar antes de ir porque los valores van cambiando con la temporada. Para llegar, desde la Ciudad de Buenos Aires tomás la Panamericana (Ruta 9) hacia el norte y bajás en el kilómetro 65; el acceso está señalizado y el estacionamiento es amplio.

Estancia Vigil: la posta de Alejandro Vigil en los Cardales

La otra opción, también en el partido de Campana pero unos kilómetros más adentro, está en Los Cardales. Estancia Vigil es el desembarco del enólogo Alejandro Vigil en la provincia de Buenos Aires, el mismo responsable de Casa Vigil en Chachingo, Mendoza. Acá la propuesta se inclina más hacia lo gastronómico, con un complejo que mira hacia los vinos jóvenes que cultiva en el lugar.

El recorrido empieza a los pocos metros del estacionamiento, cuando aparecen las construcciones de piedra que recuerdan a las viviendas de los inmigrantes europeos que llegaron a la zona. Adentro funcionan el restaurante, las salas de degustación y un salón dedicado al vino de unos 350 metros cuadrados. Afuera, los senderos, los canales de agua y las filas de álamos invitan a caminar antes o después de comer. Como alternativa menos conocida dentro del mismo partido, esta es la opción para quienes priorizan la mesa y el ambiente por encima del recorrido técnico por la bodega.

  • Finca Gamboa: fuerte en el recorrido por la bodega, con cava subterránea y la opción de participar de la vendimia en temporada.
  • Estancia Vigil: pensado para quienes priorizan gastronomía y un entorno cuidado, con el sello de Alejandro Vigil.
  • Actividades al aire libre: caminatas entre vides, picnic y recolección nocturna de uvas en Finca Gamboa.
  • Entorno natural: la cercanía con la Reserva Otamendi y el Parque Ciervo de los Pantanos suma una parada extra al día.

¿Y cuándo conviene ir? Te lo cuento desde la experiencia: la mejor época para escaparse es entre marzo y abril, cuando se desarrolla la vendimia y las vides todavía tienen el follaje verde antes de los primeros fríos. Si preferís un clima más templado para sentarte afuera a tomar un copa, la primavera —de septiembre a noviembre— es ideal, con días largos y la parra empezando a brotar. En verano hay que armarse de paciencia con el calor, pero la recolección nocturna se transforma en una experiencia distinta y muy recomendable.

JM

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