Una semana gris como pesadilla de octubre: el bloqueo atmosférico que no deja asomar el sol en el AMBA
Un centro de altas presiones estacionado sobre el Atlántico actúa como un tapón meteorológico que sostiene el cielo cubierto, las lloviznas intermitentes y una sensación de frío que se niega a aflojar sobre Buenos Aires y el conurbano. El miércoles y el jueves serán los días más inestables, y la mejoría recién asomaría la semana que viene.
Son las ocho de la mañana y la persiana del living filtra una claridad que no termina de decidir si es amanecer o si todavía sigue siendo de noche; afuera, el termómetro de la cocina marca 12 grados y la ropa que dejé preparada para salir al parque parece una broma de mal gusto. No es pereza mía ni una mala pasada del calendario: es el bloqueo atmosférico que tiene al AMBA atrapado bajo un manto de nubes que no se va.
Un océano de altas presiones que no deja pasar nada
El fenómeno, conocido como bloqueo atmosférico, se genera cuando un centro de altas presiones se estanca sobre el mar y actúa de barrera para que otras masas de aire puedan avanzar sobre la región. En lugar de rotar y dejar entrar frentes más secos o más templados, esa masa de aire pesado queda casi quieta, alimentando la humedad y sosteniendo el cielo cubierto durante días. El resultado para nosotros es simple y conocido: nubosidad persistente, lloviznas que aparecen y desaparecen, y un sol que se vuelve una leyenda urbana.
Los vientos del este y del sudeste colaboran con ese estado de cosas: barren la humedad desde el río y la depositan sobre la ciudad, refuerzan la sensación de frío y mantienen el ambiente cargado, como si la casa entera estuviera oliendo a ropa que no termina de secarse en el tendedero del patio.
El termómetro se niega a subir
Las mínimas de estos días rondan los 11 y 13 grados, mientras que las máximas se quedan en torno a los 17 y 18, con una amplitud térmica tan chica que el día parece una sola jornada larga, sin entre la mañana y la tarde. Esa escasa diferencia entre el piso y el techo del termómetro es la que sostiene la sensación de que el invierno se niega a irse, aunque el calendario ya marque mediados de octubre.
Miércoles y jueves: las jornadas para tener el piloto a mano
El miércoles 14 y el jueves 15 serán los momentos más inestables de la semana, con probabilidades de precipitación que superan el 70%. El miércoles se esperan chaparrones ocasionales con acumulados de hasta 5 milímetros, mientras que el jueves podría acumular hasta 10 milímetros y aparece como el día de mayor actividad dentro de este período gris.
- Miércoles 14: probabilidad de lluvias superior al 70%, chaparrones aislados y hasta 5 mm.
- Jueves 15: el día más activo, con hasta 10 mm y chaparrones más marcados.
- Viento en la ribera: entre 10 y 20 km/h, con ráfagas que podrían llegar a 40 km/h.
- Viernes: cielo mayormente cubierto, algunas lloviznas y temperaturas entre 13 y 17 °C.
“Es como si el otoño se hubiera instalado en la cocina y no quisiera ceder la silla: el termómetro apenas se mueve, la ropa no termina de secarse en el tendedero y cada mañana hay que inventar otra excusa para no sacar el paraguas del bolso.”Lectores del AMBA, en distintas conversaciones de WhatsApp durante la semana
El viernes tampoco trae una mejoría sostenida: el cielo seguirá mayormente cubierto, con nuevas posibilidades de lloviznas y temperaturas que se moverán entre los 13 y los 17 grados, así que la campera gruesa va a seguir colgada de la percha de la entrada un rato más. Recién durante el fin de semana podrían empezar a insinuarse las primeras señales de cambio, con una menor probabilidad de lluvias y algunos momentos de claridad más generosos, mientras que las jornadas más estables y con mayor presencia del sol se esperan para el arranque de la semana que viene, cuando el bloqueo por fin ceda y deje pasar un poco de aire distinto.
Vuelvo a la escena del principio: la persiana del living sigue filtrando esa claridad tibia, la pava empieza a silbar y el termómetro de la cocina insiste con los 12 grados. Por ahora no queda más que armarse de paciencia, aceitar el paraguas y aceptar que, esta vez, octubre se está haciendo el remolón.
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