Siete platos para salvar la semana sin perder ni el bolsillo ni el ánimo
Desde unos malfattis que se arman con cuchara hasta un boeuf bourguignon que parece caro y sale barato: un recorrido por un menú completo, pensado para cocinar en casa esta semana, con alternativas para todos los gustos y bolsillos.
Si te sentás un momento a planear qué vas a comer durante los próximos siete días, probablemente te des cuenta de que el menú que tenés en la cabeza se repite más de lo que quisieras. Pollo con arroz, milanesas, fideos con manteca. Y así, otra vez. Por eso, cuando aparece un plan que va de lo más simple a lo más elaborado, vale la pena prestarle atención. El menú que repasamos esta semana es uno de esos: siete recetas que se mueven entre la pasta italiana sin amasar y un guiso francés al vino tinto versión accesible, con un postre de chocolate que hasta los celíacos pueden disfrutar.
La pasta que se hace con las manos, sin amasar
Los malfattis de espinaca y ricota son, sin duda, el plato más convocante de la semana. Su nombre en italiano significa literalmente "mal hechos", y la razón es tan honesta como simpática: se forman de manera irregular con una cuchara o con las manos, sin molde ni técnica especial. Si alguna vez te frustraste intentando hacer ñoquis prolijos, esta es tu oportunidad de redimirte. La mezcla lleva espinaca, ricota, harina, huevo y queso rallado, y la gran ventaja es que se pueden hervir directamente en la salsa o, si te copa algo más gratinado, cocinar en agua y terminar al horno con queso abundante arriba. Para una comida familiar de cuatro personas, calculá unos 800 gramos de ricota, 500 de espinaca cocida y escurrida, un huevo, queso y harina suficiente como para que la masa tome cuerpo. En cualquier supermercado conseguís los ingredientes, y la ricota fresca suele costar entre 2.000 y 3.500 pesos el kilo, dependiendo de la marca y la zona.
Liviano, rápido y con texturas que sorprenden
Para quienes prefieren algo más fresco en pleno día, la ensalada tibia de espárragos es una joyita. La combinación funciona porque cada elemento aporta algo distinto: la yema queda cremosa, el rabanito y la panceta suman el crujido justo, y el espárrago pone ese sabor particular que es difícil de conseguir con otra verdura. Un detalle que te va a salvar más de una vez: los ingredientes se pueden cocinar con anticipación y saltearse juntos en el último momento, justo antes de servir. Si los espárragos te parecen caros o difíciles de encontrar, una alternativa menos conocida pero igual de rica es reemplazarlos por alcauciles frescos salteados con un poco de limón y parmesano rallado encima: misma lógica de plato tibio con contraste de texturas.
El clásico argentino, bien ejecutado
La milanesa de merluza a la inglesa es uno de esos platos que aparecen en la mesa argentina desde siempre, pero que no siempre se hace bien. La clave está en el rebozado: una cubierta simple y aireada que, al freír, forma una corteza dorada crujiente mientras el interior queda jugoso. El acompañamiento no se discute: papas fritas y una buena salsa tártara casera. Si querés una vuelta de tuerca sin complicarte, probá sumar un poco de mostaza de Dijon a la salsa tártara: le cambia el carácter sin sumar trabajo extra.
Cena rápida, freezer y guiso del lunes
Para la cena familiar del fin de semana, la fugazetta es una de esas preparaciones que resuelven todo: llevan mucha mozzarella y cebolla abundante sobre una base que podés preparar el domingo a la noche y guardar en el freezer hasta el momento de llevar al horno. La gratinada sale dorada, con el queso burbujeando y la cebolla caramelizada por los bordes, y es de esos platos que hacen feliz a toda la mesa sin exigir demasiado en la cocina. En cambio, el guiso de fideos del lunes es el plato de la recuperación, el que aprovecha lo que quedó del fin de semana. Un trozo de carne, zapallo, papa, zanahoria o cebollita se combinan en la olla, y como todo guiso que se precie, mejora al día siguiente, cuando los sabores ya se mezclaron y la carne quedó más tierna.
El francés que se adapta al bolsillo
El boeuf bourguignon económico es, a mi criterio, una de las propuestas más interesantes de la semana. Es la versión de bolsillo del clásico francés de carne al vino tinto, y la gracia está en usar cortes más accesibles —paleta, aguja o evenocue) garrón— en lugar del tradicional cortes caros que pide la receta original. Los champiñones, que sí forman parte del plato clásico, son opcionales en esta versión. La clave es la cocción lenta: el fuego bajo, el tiempo largo, y la carne termina ablandándose mientras la salsa se concentra y toma cuerpo. El resultado es un guiso oscuro, fragante, que parece mucho más caro de lo que efectivamente cuesta. Para llegar a buen puerto, conseguí un vino tinto razonable —no hace falta que sea el de la etiqueta bonita, pero tampoco el más barato del estante— y cortá la carne en cubos parejos para que se cocine de manera uniforme.
El postre que cierra todo
Para el cierre dulce, la marquise de chocolate sin TACC reemplaza la harina de trigo por harina de almendras, y el resultado es un postre de textura aterciopelada y sabor intenso, sin que el cambio de ingrediente modifique el perfil del chocolate. Es el tipo de plato que convence hasta a los que no son celíacos, y que además se prepara con pocos elementos: chocolate amargo, manteca, huevos, azúcar y harina de almendras. Una vez frío, se sirve espolvoreado con cacao o nueces picadas.
Cuándo conviene poner cada plato en la mesa
Si te preguntás cuál es la mejor época para ir eligiendo estas recetas, la respuesta honesta es que todas funcionan durante todo el año, pero hay dos momentos donde brillan especialmente. La espinaca y los espárragos están en su punto entre fines de invierno y principios de primavera, así que si querés aprovecharlos al máximo, las próximas semanas son ideales. El guiso y la fugazetta, en cambio, son perfectos cuando baja la temperatura, porque las comidas de horno y de olla larga piden ese abrigo de la cocina caliente. En síntesis: arrancá la semana con el guiso y la milanesa, dejá los malfattis y la fugazetta para el finde, y reservá la marquise para una sobremesa en la que tengas ganas de quedar bien sin esfuerzo. La cocina, al final, también es una forma de querer a los que tenemos alrededor.
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