Rose Belmont toma el látigo de su padre y reabre la saga con un Metroidvania que vuelve a las raíces de Castlevania
La hija de Trevor es la nueva protagonista de Castlevania: Belmont's Curse, un juego 2D ambientado en el París de 1499 que apuesta por la exploración clásica, el combate con cartas de tarot y la herencia visual de la franquicia
Las antorchas tiemblan contra los muros de piedra y el río Sena arrastra una bruma que se mezcla con el humo de la ciudad. En ese París de 1499, envuelto en una oscuridad que parece recién salida de un siglo XVI que todavía no termina de llegar, arranca Castlevania: Belmont's Curse, la nueva entrega de una franquicia que vuelve a apoyarse en la fórmula Metroidvania para reencontrarse con sus raíces. El juego pone a los jugadores en la piel de Rose Belmont, hija de Trevor, en una historia que se sitúa 23 años después de los hechos narrados en Castlevania III: Dracula's Curse, y propone una experiencia 2D donde la exploración y el combate con látigo vuelven a ser el corazón de la propuesta.
Un látigo que pelea y también se balancea
Lo primero que se nota al ponerse en su lugar es que Rose no es una copia de sus antecesores: tiene mayor libertad de movimiento y velocidad, y el látigo, clásico de la saga, cumple una doble función. Por un lado sirve para el combate contra las criaturas que asolan las calles de París; por el otro, funciona como herramienta de desplazamiento, permitiendo balancearse por ciertos sectores del mapa. Esa decisión le da una identidad propia dentro del linaje familiar y hace que la transición entre exploración y pelea resulte fluida, algo que en el género se agradece cuando el diseño del mapa lo acompaña.
El mapa, los Arcanos y las cartas de tarot
La estructura sigue el esquema clásico del Metroidvania: caminos bloqueados que se abren al conseguir nuevas habilidades, atajos que se revelan al volver sobre zonas ya visitadas y desvíos que se convierten en recorridos más extensos de lo esperado. Encontrar un acceso inaccesible en una primera pasada y regresar más tarde con las herramientas necesarias es uno de los pilares de la experiencia. A eso se le suma el sistema de Arcanos, una capa de progresión ligada al combate: los jefes derrotados quedan sellados en las cartas de tarot de Rose y se transforman en nuevas habilidades, hechizos y acciones especiales. Entre los enfrentamientos aparecen figuras conocidas de la mitología de la saga como La Muerte, Medusa y Carmilla, además de rivales nuevos. El sistema se completa con armas divididas en siete categorías y reliquias con efectos ofensivos y defensivos, lo que permite adaptar a Rose según el estilo de cada jugador.
La dirección artística recupera la combinación de arquitectura gótica, oscuridad y elementos fantásticos que es marca registrada de la franquicia, con zonas que tienen personalidad visual propia, y la banda sonora acompaña la exploración con temas que se quedan en la cabeza más allá de cada sesión de juego. Entre los puntos menos resueltos, el backtracking puede perder fuerza en ciertos tramos: recorrer caminos conocidos es parte inevitable del género, pero hay momentos en que la sensación de descubrimiento se apaga y el regreso sobre pasos anteriores se vuelve más trámite que hallazgo.
Llega el 15 de octubre a todas las plataformas
Castlevania: Belmont's Curse sale el 15 de octubre para PlayStation 5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch y PC, y se planta como una apuesta firme por recuperar el ADN de la serie sin quedarse en la nostalgia: hay una nueva protagonista, hay mecánicas nuevas, hay un sistema de progresión que se siente fresco, y hay, sobre todo, una invitación a recorrer un París enfermo con la misma curiosidad con la que se recorre un mapa viejo. Después de horas con él, lo que me queda es esa sensación que sólo dan los Metroidvania cuando están bien calibrados: la de querer revisar cada rincón, aunque sepamos que ya lo vimos. Y eso, viniendo de una franquicia con tantos años en la espalda, no es poco.
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