La vuelta de tres tortas con historia: Nucha rescata el legado de su fundadora para el Día de la Madre
A seis meses de la muerte de Regina Vaena, la pastelería de Belgrano recupera la Torta Ángel, la mousse de caramelo y la torta de frambuesa con chocolate blanco. Las recetas se rastrearon con los hijos de la creadora porque ya no estaban en la planta. Un repaso por una marca que empezó con un molde y un garaje.
Si alguna vez compraste una porción en uno de los locales de Nucha y te quedaste mirando la caja antes de dar el primer bocado, esta noticia es para vos. La pastelería que durante más de cuatro décadas fue sinónimo de dulzor en Buenos Aires acaba de reeditar tres preparaciones históricas de su fundadora, Regina Vaena, a pocos meses de su fallecimiento. La elección de la fecha no es casual: las tres tortas vuelven a las vidrieras para el Día de la Madre, como un homenaje que también funciona como regalo.
Las tres recetas que vuelven a la carta
- Torta Ángel: masa de harina de almendra, dulce de leche, frutillas, crema y merengue. Liviana, con un relleno clásico que no necesita adornos para conquistar.
- Mousse de caramelo: una preparación cremosa, suave, con ese punto justo entre dulce y aireado que la volvió inconfundible.
- Torta de frambuesa con chocolate blanco: el contraste ácido del fruto rojo con la dulzura del chocolate blanco, una de las combinaciones más celebradas de la casa.
Los tres productos están disponibles en los locales desde el 8 de octubre y se consiguen en el mismo formato cuadrado que Nucha popularizó: porciones individuales pensadas para probar varios sabores sin tener que comprar una torta entera. Una fórmula que, conviene recordarlo, Regina Vaena fue una de las primeras en imponer en la repostería porteña, en una época en la que comprar dulce era comprar una torta completa.
Un rescate de memoria familiar
Lo más conmovedor de esta vuelta no es la torta en sí, sino cómo se llegó a la receta. Cuando el equipo se propuso recuperar las tres preparaciones, descubrió que en la planta ya no quedaban los registros: hacía tantos años que no se hacían que se habían perdido del archivo. Las recetas hubo que rastrearlas con los hijos de Regina, casi como una arqueología doméstica. Lorena Monsón, pastelera a cargo del desarrollo, lo cuenta con una franqueza que conmueve: "Ni siquiera teníamos las recetas; las tuvimos que buscar con sus hijos. No estaban en la planta porque hacía muchos años que no se hacían".
El resultado es un trabajo que mezcla técnica y emoción, porque no se trata solo de replicar un sabor: se trata de mantener viva una forma de entender la pastelería. La base de las recetas de Regina combinaba tradición sefaradí, repostería judía, influencia inglesa y técnica francesa, herencia directa de su abuela Catalina, que preparaba dulces al sol. A eso ella sumó lo que había aprendido en la carrera de Química, que cursó sin llegar a terminar. Carlos Rava, gerente de la marca, lo resume así: "Aplicaba mucho de eso a sus recetas y a sus combinaciones, y desde el principio esas combinaciones gustaban, y gustaban mucho".
De un garaje en Belgrano al mapa porteño
La historia de Nucha es, en buena medida, la historia de una manera de empezar. En 1979, Regina Vaena se plantó en el garaje de su casa, sobre la calle Zabala, en Belgrano, con un solo molde, una cocina hogareña y diez paquetes de muestras que repartió en comercios del barrio. Esa misma noche tuvo que hornear sin parar para responder a los primeros pedidos. El primer sábado de venta al público se agotó todo en una hora. La fila llegó a ocupar la vereda, y entonces sacaron dos mesitas y empezaron a ofrecer café para hacer más llevadera la espera. La escena parece de otra época, y lo es.
De ahí en más vinieron la fábrica propia, los locales en distintos barrios y las franquicias. Este año se sumaron seis nuevas, en un proceso de expansión que Monsón describe con honestidad: "Entiendo que no es lo mismo atender dos locales que diecisiete, y que en algún momento uno toma un atajo". Es una autocrítica que también es una promesa: crecer sin resignar calidad es el desafío cotidiano de una marca que nació en un garaje y hoy tiene vidrieras iluminadas en varias esquinas de la ciudad.
Cómo llegar y cuánto cuestan
Si querés probar las tres tortas relanzadas, el punto más emblemático sigue siendo el local original de Belgrano, sobre la calle Zabala, a pocas cuadras de la avenida Cabildo. La línea D del subte te deja en estación Congreso de Tucumán, y desde ahí son unos diez minutos caminando. Los precios de referencia arrancan alrededor de los 8.000 a 12.000 pesos por porción cuadrada, según el sabor, aunque conviene chequear en cada local porque pueden variar. Si buscás algo menos conocido y más de barrio, te recomiendo el local de Villa Crespo: es chico, tiene menos cola que los puntos turísticos y suelen quedar más opciones de la Torta Ángel, que es la que primero se agota.
La mejor época para ir es, justamente, esta: entre octubre y fin de año, cuando la pastelería pone en primer plano sus clásicos y las vidrieras se llenan de colores que invitan a quedarse. Después de tantos meses sin estas recetas, volver a probar una Torta Ángel o una mousse de caramelo es, para los que conocieron a Regina, un pequeño acto de memoria. Y para los que no la conocieron, la mejor manera de empezar a entender por qué su nombre sigue asociado al mejor cuadrado de Buenos Aires.
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