Gus Van Sant vuelve al indie filoso con un thriller que rescata la historia real de un hombre contra un banco
Bill Skarsgård protagoniza "Prime Crime: A True Story", que reconstruye el caso de Tony Kiritsis y ya está disponible en Movistar Plus después de su tímido paso por las salas.
Imaginate entrar a una sala de cine y encontrarte con una butaca vacía, con la pantalla encendida pero sin el murmullo habitual de pochoclos y comentarios. Esa sensación de intimidad un poco desangelada me sacudió mientras veía "Prime Crime: A True Story", el nuevo trabajo de Gus Van Sant que ya se puede ver en Movistar Plus después de su discreto paso por las salas, donde apenas juntó 3,8 millones de dólares frente a un presupuesto estimado por debajo de los 15 millones.
Una historia real como punto de partida
La película reconstruye un caso que parece salido de una crónica negra de los años setenta pero que ocurrió tal cual: Tony Kiritsis se presentó en la sede de un banco donde había solicitado un préstamo para comprar un terreno. Cuando se lo negaron, sospechó que la entidad buscaba quedarse con la propiedad para especular. La respuesta fue desesperada: tomó como rehén al hijo del dueño con un dispositivo rudimentario pero potencialmente letal, y formuló dos exigencias, una indemnización económica y la posibilidad de hablar en televisión nacional.
Ese punto de partida permite a Van Sant volver a un terreno que conoce bien, el del personaje que choca con las reglas del sistema y busca salidas desesperadas fuera de los márgenes establecidos. Es una línea que el cineasta de "Todo por un sueño" y otras piezas centrales del cine independiente norteamericano viene trabajando hace décadas, y acá la lleva al terreno del thriller con guiños formales muy explícitos, en particular al tipo de filme urbano de los setenta que mezcla presión policial con cobertura mediática en tiempo real.
- Protagonista: Bill Skarsgård, el actor sueco que viene deambulando con soltura entre el terror y el drama, y que acá carga con una actuación contenida, de hombre al borde pero siempre midiendo sus palabras.
- Trama: Tony Kiritsis, desesperado, toma como rehén al hijo del dueño de un banco y pide hablar en vivo por televisión nacional.
- Dirección: Gus Van Sant, que vuelve a explorar personajes que se estrellan contra estructuras que los superan.
- Música: el cierre incluye un guiño con Gil Scott-Heron, un toque que carga de sentido político el desenlace sin abandonar el pulso del thriller.
- Disponible en Movistar Plus tras su discreto paso por salas, donde apenas juntó 3,8 millones de dólares contra un presupuesto menor a los 15 millones.
Streaming como segunda oportunidad
La película no resuelve todas sus contradicciones, y eso es justamente lo que a mí me la hace más interesante. Termina proponiendo una lectura incómoda sobre los límites de quien intenta montar una protesta individual contra estructuras que lo superan, y deja al espectador con esa sensación agridulce que sólo dejan los filmes que se animan a no cerrar del todo. Skarsgård, lejos del histrionismo que a veces le pedimos los espectadores, compone a un tipo que se permite estar asustado y decidido al mismo tiempo, y esa mezcla sostiene el pulso de la historia sin estridencias.
La pregunta que me queda dando vueltas mientras escribo es si el cine de género con intención autoral tiene realmente más futuro en las plataformas que en las salas, y honestamente creo que depende de cómo se lo mire. Este caso lo dice todo: una historia potente, un director con oficio y un protagonista sólido no alcanzan para llenar butacas hoy, pero sí pueden encontrar a su público en casa, a la hora que cada uno elija, con el control remoto a mano. Y miren, a mí, después de esta experiencia, se me reactivó la ganas de pelear por un cine que corra riesgos, aunque sea desde el sillón.
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