El Niño 2026-2027 se encamina a romper todos los registros desde 1950 y la Argentina ya se prepara para un verano extremo
La NOAA elevó al 75% la probabilidad de que el fenómeno supere los 2,5 °C en el Pacífico ecuatorial, un umbral que ningún evento anterior logró cruzar. Especialistas consultados advierten que las lluvias más intensas se concentrarán en el Litoral y el norte del país entre octubre y febrero.
La pizarra del Centro de Predicción Climática de la NOAA muestra, esta semana, un número que hace cuatro meses parecía una hipótesis de laboratorio: 75% de probabilidad de que El Niño 2026-2027 se convierta en el evento más intenso desde que existen registros sistemáticos. En agosto esa cifra era de 69%; la suba de seis puntos en apenas cuatro semanas confirma, para los científicos del organismo estadounidense, que el Pacífico ecuatorial se está calentando a un ritmo que ningún episodio anterior pudo igualar. Lo que se lee en los monitores —anomalías térmicas crecientes, modelos dinámicos que coinciden en sus proyecciones— ya empieza a traducirse, del otro lado del continente, en reuniones de comité de cuenca, en partes meteorológicos que se miran con más atención y en la certeza, cada vez más firme, de que el verano que viene no será uno más.
El indicador que cambió la historia
La herramienta que permite hablar de umbrales inéditos es el Índice Oceánico Relativo de El Niño, conocido como RONI, que no se limita a medir la temperatura de la superficie del mar sino que la corrige descontando el calentamiento global de fondo. Según la NOAA, existe un 75% de chances de que ese índice supere los 2,5 °C entre octubre y diciembre de 2026, una marca que los cuatro eventos catalogados como "muy fuertes" desde 1950 jamás alcanzaron: el récord lo tenía El Niño de 1982-1983, con 2,4 °C, y los demás oscilaron entre 2,0 °C y 2,4 °C. Los datos de agosto ya mostraban anomalías de 1,8 °C en la región Niño 3.4, 2,5 °C en la Niño 3 y 3,4 °C frente a las costas de América del Sur, y la probabilidad de un episodio "muy fuerte" durante el otoño y el invierno del hemisferio norte supera el 90%, de acuerdo con los modelos revisados por el CPC.
“El Niño es un fenómeno natural y global que nos está afectando y recién está empezando. Se intensificará de octubre a febrero. Es un Niño muy fuerte.”María Alejandra Cristanchi, jefa del sector de Hidrología de la Central Hidroeléctrica Yacyretá
Lo que se viene para la Argentina
Las proyecciones que circulan entre los organismos argentinos delinean un mapa con zonas calientes bien definidas. El meteorólogo Marcelo Madelón, pronosticador del Aeropuerto de Córdoba, estimó que el fenómeno "posiblemente perdure hasta el otoño de 2027", lo que extiende la ventana de impacto mucho más allá del verano. Para los próximos meses, los modelos estacionales anticipan excesos de lluvia cada vez más marcados sobre el Litoral, el noreste y parte de la región pampeana, con acumulados que, en algunos distritos, podrían duplicar los valores históricos para la época. En ese contexto, voces como la de Cristanchi —que conoce de cerca el comportamiento del río Paraná aguas abajo de la represa de Yacyretá— insisten en que la preparación ya no puede esperar: las crecidas extraordinarias de los últimos años dejaron lecciones que, según advierten, conviene no volver a aprender a fuerza de agua en las casas.
Por qué importa cruzar el umbral de los 2,5 °C
Superar esa barrera no es un dato para la estadísticas: cada décima de grado adicional en el RONI se traduce, según la experiencia acumulada, en lluvias más concentradas, sequías más severas en las zonas que no reciben agua y, sobre todo, en una mayor frecuencia de eventos extremos que golpean en pocos días. Por eso, aunque el carácter cíclico de El Niño es conocido y Argentina ya transitó episodios fuertes en 1997-1998 y 2015-2016, la combinación de un Pacífico más caliente con un planeta ya recalentado por el cambio climático abre un escenario al que ni los modelos más optimistas saben ponerle techo. La pizarra de la NOAA, en definitiva, no hace más que confirmar lo que los del clima venían señalando desde mediados de año: el verano que viene se escribirá con otra tinta, y conviene leerlo antes de que llegue.
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