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LUN, 07 SEPT 2026
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El día que Nintendo compró cine para adultos para que nadie pudiera verlo

A comienzos de los noventa, la empresa adquirió en silencio los derechos de dos parodias pornográficas de Super Mario. La movida fue tan efectiva que durante años muchos dudaron de que esas películas hubiesen existido.

LP
Lucía PereyraCultura y espectáculos · 7 DE SEPT DE 2026 · lectura 2 min

Imaginate entrar a una sala de cine a mediados de los noventa, pedir un VHS en el mostrador y encontrarte con una caja que dice "Super Hornio Brothers". El logo de Nintendo –ese escudo rojo y blanco tan familiar– estampado arriba de todo, como si la propia compañía hubiera producido aquello. No, no lo produjo. Pero en algún momento del 93, después de ver cómo se derrumbaba la adaptación oficial en la pantalla grande, la gran N decidió hacerse cargo de esas dos cintas de otro modo: comprándolas para que desaparecieran.

La historia empieza con Buck Adams, un actor y director del cine para adultos estadounidense que vio en el furor del plomero bigotudo una oportunidad comercial. Reunió un equipo, grabó durante apenas dos jornadas y, con un presupuesto que ronda los veinte mil dólares, obtuvo material suficiente como para partir el resultado en dos largometrajes: "Super Hornio Brothers" y su secuela, "Super Hornio Brothers 2: King Pooper Returns". Ambas vieron la luz en 1993, casi en paralelo al estreno de la fallida Super Mario Bros. que dirigieron Rocky Morton y Annabel Jankel, esa que la crítica despellejó y el público abandonó en las salas.

La compra silenciosa

Con la imagen de sus personajes ya golpeada por el fracaso de Hollywood, Nintendo movió una ficha discreta: adquirió los derechos de las dos cintas pornográficas poco después de su lanzamiento. El objetivo nunca fue distribuirlas, ni siquiera revisarlas en una reunión de directorio con café y carpetas. La idea fue archivelarlas y, sobre todo, impedir que siguieran circulando. La estrategia funcionó tan bien que, durante más de una década, hubo gente convencida de que aquello era un mito de internet.

Recién en 2009 empezó a desarmarse el misterio: alguien subió a la red una copia de la segunda entrega, que encima incluía un resumen del primer filme. Ahí reapareció Ron Jeremy, el protagonista de ambas producciones, y confirmó lo que muchos sospechaban. "Los derechos pertenecen a Nintendo y legalmente no se pueden relanzar", dijo en una de esas declaraciones que quedan flotando en la red. La primera cinta, igual, nunca apareció. Y la pregunta que me queda dando vueltas, mientras escribo esta nota con el café ya frío, es bastante simple: cuántas historias raras como esta duermen en los archivos de las grandes compañías, esperando a que alguien las desentierre. A mí, esta me recuerda que en el universo del entretenimiento el archivo también es una forma de poder, y que a veces la mejor publicidad es el silencio.

LP
Lucía PereyraCultura y espectáculos

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