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MIÉ, 07 OCT 2026
Vida

El cuerpo necesita grasa: cuando perderla de más empieza a pasar factura

El tejido adiposo no es solo un reservorio de energía: regula hormonas, protege órganos y sostiene funciones que se alteran cuando sus niveles caen demasiado, incluso en personas que entrenan. Especialistas explican qué mirar antes de obsesionarse con el porcentaje.

MF
Micaela FerreyraSociedad · · lectura 4 min
El cuerpo necesita grasa: cuando perderla de más empieza a pasar factura

En la consulta, cada vez más gente llega con la misma pregunta después de subirse a una balanza inteligente o mirarse al espejo: ¿me pasé bajando el porcentaje de grasa? La preocupación no es menor, porque durante años circuló la idea de que mientras más bajo el número, mejor el estado físico, y lo cierto es que el cuerpo necesita ese tejido para funcionar bien, no solo para verse definido. Lo que hay que entender, me dicen los especialistas que repasaron la evidencia reciente, es que la grasa no es un enemigo a eliminar: cumple tareas que, cuando se pierden, empiezan a notarse en los músculos, en los huesos y hasta en el ánimo.

Por qué el porcentaje alone no alcanza

Antes de mirar el número, vale una aclaración que Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne, repite cada vez que puede: no existe un porcentaje de grasa corporal adecuado para todo el mundo. "La edad, el sexo y la distribución del tejido adiposo influyen en esa lectura, y las herramientas de medición tienen diferencias enormes", me dijo. Una balanza de bioimpedancia, por ejemplo, puede arrojar resultados distintos según cuán hidratado se esté ese día, mientras que la medición con pliegues cutáneos no permite conocer la grasa que rodea los órganos, que es justamente la que más problemas trae cuando se acumula de más.

La densitometría DEXA distingue entre tejido graso, masa magra y masa ósea, aunque necesita equipamiento especializado y puede ser costosa. Ese método se usó en un estudio con más de 700 deportistas en el que participó la propia Hew-Butler, y los mínimos registrados fueron del 10% en hombres y del 16% en mujeres, lejos del 1% o 2% que suele mencionarse al hablar de definición muscular en redes sociales.

Lo que pasa cuando las reservas caen demasiado

Tener menos reservas no supone necesariamente una mejor condición física. Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan, lo explica con una imagen que me quedó dando vueltas: "Una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas". Cuando una restricción intensa de calorías reduce esas reservas, el cuerpo puede recurrir al músculo para obtener energía y perjudicar tanto la generación de tejido óseo como su reparación. En los hombres, la testosterona puede disminuir junto con la energía y el rendimiento. En algunas deportistas, los niveles demasiado bajos de grasa se relacionan con irregularidades menstruales o falta de menstruación. Y Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, me señaló algo que suele quedar afuera de la conversación: disponer de pocas reservas dificulta la respuesta del cuerpo ante infecciones graves.

  • Músculo: el cuerpo lo usa como fuente alternativa de energía cuando la grasa escasea, perdiendo fuerza y volumen.
  • Hormonas: baja la testosterona en hombres y se alteran los ciclos menstruales en mujeres deportistas.
  • Huesos: se perjudica la formación y reparación del tejido óseo, con riesgo de osteoporosis a largo plazo.
  • Inmunidad: menos reservas implican una respuesta más débil frente a infecciones serias.

La grasa que importa no es solo la que se ve

Estas consecuencias se explican por las tareas que cumple el tejido adiposo. Además de guardar combustible para cuando hace falta, produce leptina, una hormona que comunica al cerebro cuánta energía hay disponible. Si esa señal disminuye por falta de reservas, el organismo puede relegar funciones para ahorrar recursos, una decisión que el cuerpo toma sin consultarnos. El exceso también importa, especialmente cuando la grasa se concentra alrededor de los órganos: la acumulación de grasa visceral favorece la liberación de sustancias inflamatorias que terminan afectando al corazón, al hígado y al metabolismo en general.

“Una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas, porque el cuerpo interpreta que no tiene con qué sostenerse y empieza a recortar funciones.”Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan

Vuelvo a la escena del principio, a esa persona parada frente a la balanza con el número en la pantalla y la duda instalada: ¿estoy bien, me pasé, me falta? La respuesta, me parece después de charlar con estos investigadores, no está en un porcentaje único ni en una foto de un cuerpo definido. Está en cómo se siente uno, en los análisis de sangre, en la distribución de la grasa, en la historia clínica. Y, sobre todo, en aceitar la idea de que el cuerpo necesita grasa para funcionar, no como un lujo estético sino como un sostén silencioso que, cuando se pierde de más, empieza a pasar factura en lugares que uno no esperaba.

MF

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