El cortisol no es el villano de TikTok: qué hace realmente la hormona que todos quieren bajar
Mientras en las redes sociales proliferan cócteles detox y diagnósticos caseros que prometen “reducir el cortisol”, endocrinólogos consultados aclaran que se trata de una sustancia indispensable para el organismo, cuya alteración real es mucho más específica de lo que muestran los videos virales.
Son las siete y media de la mañana y la pava eléctrica empieza a silbar en la cocina de cualquier casa de clase media de Buenos Aires. Antes de que el agua hierva, mientras alguien revisa el teléfono todavía con la cara lavada, su cuerpo ya hizo algo que ni siquiera registró: las glándulas suprarrenales liberaron una pequeña descarga de cortisol, esa hormona de la que tanto se habla en redes sociales como si fuera un enemigo a eliminar. El pico más alto del día se produce precisamente en esa ventana, entre la madrugada y la mañana temprana, y a partir de ahí los valores descienden de manera progresiva hasta la noche. Así lo explica María Susana Mallea Gil, presidenta de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo, y así empieza a desarmarse uno de los mitos más repetidos del último tiempo.
El cortisol, producido por unas glándulas del tamaño de un pulgar que se apoyan sobre los riñones, participa en la regulación del metabolismo de los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas; ayuda a sostener la presión arterial; modula la respuesta inflamatoria y la actividad del sistema inmunitario, e interviene también en los ciclos de sueño y vigilia. Es, en palabras simples, una pieza central del engranaje cotidiano del cuerpo. Y como cualquier pieza central, tiene un ritmo propio al que los especialistas llaman ritmo circadiano.
Estrés normal versus Cushing: la diferencia que las redes no muestran
Cuando una persona se enfrenta a una situación de tensión —un examen, un examen médico, una discusión familiar—, los niveles de cortisol suben de manera transitoria. Eso no constituye ninguna enfermedad. Mallea Gil lo resume con un ejemplo que cualquier estudiante reconoce: si alguien se mide el cortisol minutos antes de entrar a rendir, el resultado seguramente será más alto que el de costumbre, y eso responde a la adaptación fisiológica al estrés, no a un desequilibrio hormonal.
El cuadro clínico real y serio lleva otro nombre: síndrome de Cushing. Se produce cuando el cuerpo queda expuesto de forma prolongada a niveles excesivos de cortisol y, entonces sí, el ritmo circadiano se rompe: la hormona puede estar tan alta por la tarde o por la noche como por la mañana. Ese cuadro es infrecuente, requiere estudios específicos y nada tiene que ver con el estrés cotidiano ni con la fatiga que se arrastra toda la semana.
Lo que ofrecen las redes y por qué no se sostiene
- El “cortisol cocktail”: una preparación con jugos naturales, sales y, en algunas versiones, suplementos. No existe evidencia científica que respalde su efecto sobre las glándulas suprarrenales ni sobre los niveles de la hormona; la endocrinóloga Jodi Nagelberg, de la Universidad de California, lo calificó como “una exageración” en el mejor de los casos.
- La “cara de cortisol”: una supuesta hinchazón facial que, según los videos, delataría niveles altos. Los especialistas sostienen que ese rasgo por sí solo no permite diagnosticar nada y que mezclarlo con cansancio o retención de líquidos lleva a conclusiones equivocadas.
- El “cortisol detox”: la idea de que basta con una bebida o con dejar de consumir ciertos alimentos para “limpiar” el cuerpo de la hormona. El cuerpo ya cuenta con mecanismos propios de regulación; no hace falta ayudarlo con preparados caseros.
- Fórmulas mágicas para “bajar el cortisol” en una semana: la baja del cortisol, cuando corresponde, no se logra con un batido sino, eventualmente, con tratamiento médico y bajo supervisión profesional.
“Mucho de lo que se dice sobre el cortisol en las redes no tiene sustento desde el punto de vista endocrinológico.”María Susana Mallea Gil, presidenta de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo
En este punto, entonces, conviene una pausa: si el cortisol sube de manera natural para despertarnos, si sube también cuando nos enfrentamos a una amenaza o a un desafío, y si el cuerpo tiene sus propios mecanismos para volver a equilibrarlo, ¿cuándo hay que preocuparse de verdad? La respuesta de los endocrinólogos es incómoda para los amantes de los atajos: hay que preocuparse cuando un profesional, con estudios concretos, detecta una alteración sostenida. El resto, la mayoría de las veces, entra en la categoría de la adaptación normal a una vida que,, suele ser bastante demandante.
Vuelvo a la cocina del principio. La pava ya cortó, el café se sirve y la mañana empieza con su rutina de siempre, mientras el cuerpo hace su propia tarea en silencio. Tal vez la mejor manera de cuidar esa maquinaria sea desconfiar de los videos que prometen soluciones exprés, dormir razonablemente bien, hacer alguna actividad física y, sobre todo, dejar el diagnóstico para quienes pasaron años formándose en el tema. El cortisol, mientras tanto, seguirá haciendo lo que siempre hizo: acompañar.
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