De la pantalla a la frontera: Steven Seagal se calzó la placa en Texas y se ganó un respeto inesperado
El actor de los noventa dejó atrás los sets de Hollywood para sumarse a operativos de seguridad fronteriza en el condado de Hudspeth. Las autoridades locales salieron a respaldarlo y dejaron una frase que recorre el mundo.
Lo de Steven Seagal durante años fue pura ficción: un tipo fibroso, cara tallada en mármol, que resolvía todo a piñas y contrafundos en películas que uno miraba de chico con la boca abierta. Pero un día el hombre se bajó del Citroën del guion y se calzó, literalmente, el chaleco táctico de un operativo de seguridad en la frontera con México, en el condado de Hudspeth, Texas, trabajando bajo la supervisión directa de las fuerzas del orden locales. Eso, ya de por sí, es una postal que parece salida de un rodaje que nadie se animó a dirigir.
La movida no fue un cameo ni una operación de marketing para relanzar una carrera que venía al ralentí, insistieron las autoridades del condado. Un integrante de esas fuerzas lo definió en pocas palabras: "Está aquí porque le importa el país y quiere contribuir como cualquier otro residente". Los oficiales que compartieron jornada con él remarcaron que sus aportes en los puestos de vigilancia fueron concretos, con uso de armas de precisión incluido, y nada simbólicos.
Un vecindario que no esperaba cruzárselo
La reacción del pueblo fue tan despareja como la del resto del país cuando se enteró. Algunos vecinos se lo cruzaron fuera de contexto y casi no lo reconocieron, de gorra y en plena tarea, según narraron fuentes locales; otros, los más, lo aplaudieron por meterse de lleno en el barro en lugar de pegar afiches desde un yate. En las dos veredas, el personal a cargo zanjó la discusión con la misma idea: lo que hizo en el terreno tuvo peso propio, no fue marketing.
El camino hacia Texas tiene raíces que arrancan en su propia infancia. Seagal vio su primera exhibición de artes marciales a los cinco años, y a los 17 se mandó solo a Japón, sin hablar el idioma ni tener un contacto, para formarse con maestros locales. De ahí salieron su cinturón negro y el séptimo Dan en Aikido que hoy exhibe, una disciplina que el propio actor suele describir como el camino de la energía y la armonía.
El arte marcial como método operativo
Esa formación no quedó en la carpeta de los trofeos: el Aikido prioriza el control y la precisión por encima de la fuerza bruta, y según trascendió, ese fue el sello que Seagal llevó a los operativos. La idea era evitar la confrontación directa siempre que se pudiera, mover el cuerpo y la situación antes que romperla, en línea con los principios de un arte que lleva practicando desde chico. También fundó en Japón una academia de artes marciales que hoy conduce su exesposa, Miyako Fujitani, así que el vínculo con la disciplina tiene más horas de vuelo que cualquier guion de acción.
Una de las películas que lo consagró, Under Siege de 1992, lo mostraba como un cocinero que en realidad era un ex agente capaz de desactivar una crisis entera desde una cocina. Viéndolo pasar de aquella cocina de utilería a las cocinas de campaña del desierto texano, uno tiene la sensación de que el papel le terminó ganando la mano al actor. Y me animo a decir algo: más allá de lo que cada uno piense de sus películas, de sus polémicas y de sus declaraciones polémicas fuera de cámara, hay algo genuinamente conmovedor en ver a una figura enorme de los noventa elegir un camino tan chiquito, tan comunitario, tan lejos de los flashes. Cuando la fama se termina, lo que queda son las decisiones. Esta, al menos, parece de las que se cuentan en la mesa familiar.
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