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MAR, 20 OCT 2026
Vida

Cuando los hermanos no comparten la misma infancia: por qué los recuerdos de una misma casa pueden ser tan distintos

Crecer bajo el mismo techo no garantiza una infancia compartida. La edad de los padres, su situación económica, su salud y el momento vital que atraviesan cuando nace cada hijo moldean experiencias diferentes que, muchas veces, se traducen en discusiones entre adultas que ya no logran coincidir en lo que vivieron.

MF
Micaela FerreyraSociedad · · lectura 3 min
Cuando los hermanos no comparten la misma infancia: por qué los recuerdos de una misma casa pueden ser tan distintos

Es lunes a la noche, hay una mesa larga servida para cuatro, y dos hermanas —Laura y Silvia— discuten otra vez por lo mismo: por quién se quedó con la habitación más grande, por quién recibió el abrazo más largo, por quién fue más feliz de chica. Las dos crecieron en esa casa de Temperley con las paredes color crema, el patio con el piso de baldosa roja y la cocina donde todavía cuelga el reloj de plástico que se rompió en 1994. Y, sin embargo, mientras Silvia recuerda una infancia de permisos y salidas, Laura reconstruye una infancia más bien de silencios y castigos. Las dos están convencidas de que dicen la verdad. Y, probablemente, las dos tienen razón.

Porque la infancia, aun cuando se comparte techo, mesa y apellido, no se vive igual cuando se es la mayor que cuando se es la menor. Los padres no son las mismas personas con cada hija o con cada hijo. A los 25, un padre puede estar lleno de energía y proyectos; a los 40, tal vez esté agotado, preocupado por la hipoteca o transitando una crisis de pareja. Cada hijo llega en un momento distinto de esa historia y, por lo tanto, conoce una versión distinta de sus padres.

Los padres cambian, aunque no se muden de casa

La psicóloga Ana Paula Rivadero lo explica con una frase que a mí, como adulta, me sacudió: "Los padres no son exactamente los mismos con cada hijo. Ellos también cambian, atraviesan duelos, crisis, separaciones, dificultades económicas, cambios laborales y transformaciones en la pareja". En criollo: no es lo mismo nacer cuando los viejos están empezando que cuando ya están agotados, no es lo mismo que haya plata para mandar a danza que tener que pensar si alcanza para la cuota del club, no es lo mismo que la casa esté en paz que se esté desarmando.

A eso se suma algo que aparece de manera silenciosa, casi sin que nadie lo decida: el lugar que cada hijo ocupa desde chiquito dentro de la familia. Desde temprano se reparten los papeles —el responsable, el rebelde, el exitoso, el que necesita ayuda, el que lleva todo a flor de piel—, y esos roles tiñen absolutamente todo lo que se vive en la cotidianeidad. No es lo mismo ser la hija mayor a la que se le pide que cuide, que la menor a la que se protege; no es lo mismo ser el del medio que el que llega último, en una casa donde ya no quedan tantasenergías ni tantas expectativas.

Lo que dice la ciencia sobre los recuerdos distintos

Un estudio publicado en la revista The Journals of Gerontology, que entrevistó a 1.369 adultos de 498 familias, fue bastante contundente: la mayoría de los hermanos criados en el mismo hogar recuerdan de manera diferente el vínculo con sus padres durante la infancia, sobre todo en tres puntos sensibles: el afecto recibido, la disciplina y los conflictos. No son diferencias menores: son recuerdos que pueden contraponerse punto por punto y que, en la sobremesa, se transforman en que duelen.

“Sería productivo abandonar la pregunta de cuál de los dos recuerda correctamente y preguntar qué significa para cada uno aquello que recuerda.”Ana Paula Rivadero, psicóloga

Vuelvo a la mesa de Temperley. Laura y Silvia ya no discuten: se escuchan. Entendieron que ninguna de las dos miente y que las dos vivieron infancias verdaderas en esa misma casa, con el mismo piso de baldosa roja y el mismo reloj de plástico que se rompió en 1994. Cambió el tono, no porque alguien haya cedido, sino porque comprendieron que estaban contando dos historias distintas que, sin embargo, comparten una misma raíz. A veces, la reconciliación no pasa por acordar el recuerdo: pasa por aceptar que la infancia que uno habitó no es, necesariamente, la misma que habitó quien duerme en la pieza de al lado.

MF

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